sábado, octubre 02, 2010

ALL BOYS // Revelaciones


Era previsible que el duelo con Tigre resultara difícil, áspero y de desarrollo intenso. Por las necesidades de ambos, acechados por los implacables promedios, y por el estilo futbolístico del cuadro de Victoria asentado en la fuerza física, la marca obsesiva, el juego aéreo y la entrega al máximo de sus futbolistas. Lo sorprendente, en todo caso, fueron la cantidad de goles (6) y las rápidas reacciones de All Boys para remontar el score adverso, un aspecto que suele confundirlo, arrebartarlo y condicionarlo, según sus campañas en los dos últimos años. En esta oportunidad, debió acudir al empeño de sus jugadores desequilibrantes para nivelar tres veces el partido, lo cual amerita varias reflexiones inmediatas y breves: la floja performance de la defensa y de cierto sector del mediocampo -especialmente en la zona derecha-, la incidencia determinante del arquero Nicolás Cambiasso cuando ataja mal, y las endebles convicciones del cuadro de José Romero, obligado a encarar cada encuentro en condición de local con más enjundia, distintos recaudos, otras ambiciones.

Transcurrido casi la mitad del torneo, la campaña de All Boys dista de ser mala aunque crecen las señales negativas tras los enfrentamientos con Tigre y Lanús, en parte debido a inseguridades entendibles producto de las exigencias de la categoría y de un sistema de disputa asfixiante para los clubes advenedizos a la Primera División. Pero también hay visibles problemas en diferentes órdenes. Futbolísticamente, y en lo que parece un hecho recurrente, el equipo de Romero se posiciona en el campo de modo expectante, como si renunciara al atrevimiento y la rebeldía de algunos de sus futbolistas, demasiado pendiente de las aptitudes del rival, de sus intenciones y de sus circunstancias/coyunturas de entresemana. Derivado de lo anterior, sobreviene la inestabilidad en el rendimiento de All Boys ligado con factores anímicos: por momentos se empequeñece y recuerda con nostalgia los duros pero entrañables días del ascenso, y en otros lo tonifica su caudal de barrio y barro, amén de raptos de un juego interesante, bien concebido, capaz de provocar el efecto contrario; aplacar el entusiasmo y las calidades de oponentes que llegan con la certeza de llevarse el triunfo, cómodamente, por peso propio.

                             

El reto, en consecuencia, consiste en fortalecer lo espiritual y una idea futbolística no supeditada -únicamente- a avatares externos dado que hay estructura y algunos valores interesantes en función de ataque. En el encuentro ante Tigre, por ejemplo, Sebastián Grazzini nuevamente tuvo un desempeño destacado al anotar dos goles clave, en tanto Fernando Sánchez exhibió un compromiso conmovedor ocupando con criterio distintos espacios de la cancha, y Mauro Matos, Sebastián Ereros y Agustín Torassa -de auspiciosa reaparición- mostraron y muestran olfato, habilidad y sentido colectivo para complicar en el área adversaria. Hay, como se observa, buenos intérpretes para salir de la cautela y la disyuntiva, de esa duda paralizante entre asumir mayor protagonismo o esperar con semblante preocupado.

En ese marco, el intento de priorizar lo propio, mostrar las fortalezas, deberá atender -eso sí- otros factores, fuertemente enlazados. Lesionados Cristian Vella y Emanuel Perea, el equipo sufre descompensaciones ante la ausencia de relevos con similares, o al menos aproximadas, cualidades, razón por la cual los posibles refuerzos en el receso  ya debería ser tema de debate en las próximas reuniones de comisión directiva. Elevar las exigencias y la solidez de conjunto, independientemente de los rivales, también cobra especial importancia. El siguiente duelo ante Huracán, de hecho, augura numerosos obstáculos de acuerdo con la disposición y la mentalidad que adopte All Boys, débil y muy tierno cuando abandona Floresta al sumar 1 punto de 12 posibles y jugar con diferente temple.

Igual o más relevante que el resultado, será arriesgarse a ganar o perder siendo fiel a un estilo, a veces extraviado y muchas otras existente según la reciente trayectoria de All Boys, sin guardarse nada, recordando que fue ese estilo el que lo llevó a esta categoría de lujo donde cada compromiso demanda escaparle, durante largo rato, a la inevitable timidez. Y a las instantáneas de una experiencia de viaje, circunstancial si prevalece la sorpresa, los ojos congelados, la mirada contemplativa, ante los diversos y luminosos paisajes que aun deberá recorrer.

Pablo Provitilo

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