jueves, febrero 02, 2012
FÚTBOL ARGENTINO // Estilo Tomba
Afianzado en Primera División, Godoy Cruz de Mendoza es un caso llamativo del fútbol argentino y a esta altura a nadie escapa que viene marcando un hito en lo que a representantes de esa provincia se refiere, en torneos oficiales, inaugurado el profesionalismo en 1931. Sus últimas temporadas así lo certifican, con indicios de aproximarse a un logro importante a corto y mediano plazo según algunos datos concretos: continuas victorias sobre los grandes, tercera ubicación en los Clausuras 2010 y 2011, 10 temporadas en la máxima categoría y 3 participaciones en torneos internacionales. Además de la Copa Sudamericana, este año disputará su segunda Libertadores en el grupo 8 con Peñarol, Nacional de Medellín y Universidad de Chile, tres candidatos a arribar a instancias finales. Méritos suficientes para advertir sus marcados progresos e indagar en las claves de un equipo hoy muy respetado, vigoroso en el plano deportivo-institucional y distinguido por su juego abierto y sin rebusques, inusual para un medio que consagra la efectividad pese a la mezquindad de tácticas y estrategias, que anula el placer del espectáculo y, en cierto modo, anula la competencia misma.
Parte de la sopresa que genera el cuadro mendocino alude a la continuidad de un proyecto futbolístico. Como ejemplo basta detenerse en la elección de jugadores, procedentes de clubes menores y con experiencias recientes no del todo felices, además de trabajo serio con las divisiones inferiores. Pero más elocuente es la designación de sus entrenadores, los cuales parecerían responder a una idea clara de lo que se pretende y, consecuentemente, de los riesgos asumidos. En el recorrido de los últimos 3 años figuran Diego Cocca, Enzo Trossero, Omar Asad, Jorge Da Silva y ahora Nery Pumpido. Con excepción del ex zaguero de Indepediente y el actual entrenador, el resto dejó una huella reconocible en el club, para nada sujeta a los logros si se considera la remontada del Tomba de Cocca para evitar el descenso; y las buenas campañas de Asad y Da Silva que reportaron presencia sostenida en las competencias internacionales, al margen de robustecer su promedio, desafío acorde con las aspiraciones de una entidad de estas características. Lo destacable, éxitos estadísticos aparte, se vincula con una idea de juego, es decir un estilo propio manifiesto en audacia en sus esquemas, inteligencia para manejar los tiempos del partido y sobradas muestras de contundencia en la red. Los goles de Godoy Cruz en los 4 torneos locales recientes dan una idea de su capacidad ofensiva: 116 conquistas, misma cifra que Vélez en idéntica cantidad de campeonatos. Vélez, recordamos, el mejor equipo argentino del último lustro.
De este modo, podrán variar los técnicos aunque la impresión, desde una mirada general, no cambia: Godoy Cruz adoptó una forma de jugar que se traspasa de ciclo en ciclo, lo cual introduce una fisura respecto de discursos que ponderan lo redituable de sostener a los entrenadores durante varios años. Parecería haber otro modelo a tener en cuenta cuyo soporte remite a los mismos actores. Los dirigentes, con sus decisiones, y socios e hinchas, con la conformidad o no en función de su activo rol acerca de las medidas que toman sus representantes, siguen siendo la plataforma de proyectos que desembocan en éxitos o desilusiones deportivas. Nunca en la intemperie.
P.P.
lunes, enero 23, 2012
REAL MADRID // Está solo
Después de un año y medio al frente del equipo, José Mourinho atraviesa el peor momento desde su arribo a Real Madrid: entidad prestigiosa, exigente y respetada aunque sumida hoy en un desconcierto de singulares proporciones. Las causas de los cuestionamientos que recaen sobre el portugués remiten a las nuevas derrotas con el Barcelona (por la Liga Española y la Copa del Rey, ambas en condición de local), agravados por dos cuestiones concomitantes: el nivel de juego exhibido por el Madrid en esos partidos y no haber podido sopesar desde su carismática conducción la marcada hegemonía del Barcelona, al dirigir a un equipo con las condiciones suficientes para interrumpir la racha del cuadro culé, señalado por especialistas como el "mejor de la historia".
Dificil lograrlo cuando no median tiempos ni se evalúan procesos que importan, y mucho. Con Mou, los merengues consiguieron la Copa del Rey, tras derrotar al mismísimo Barcelona, perdieron por muy poco la semifinales de la Champions League en 2011 ante los blaugranas y en la actual temporada de la Liga Real Madrid superó su mejor registro de puntos obtenidos en 19 fechas (49), acumula un récord de goles en la misma cantidad de jornadas (50) y le lleva 5 unidades al conjunto de Pep Guardiola. Su porcentaje de eficacia ronda el 87 %, en el marco de un torneo brutalmente desparejo habida cuenta del poderío económico de los dos clubes más emblemáticos de una España, paradójicamente, cercada por una profunda crisis política y social . Los números y el juego, como se advierte, eximen de mayores reparos o pedidos de renuncia al entrenador, nuevamente en el centro de la escena a partir de una construcción mediática conocida en los días de la derrota, centrada en sus modos presuntamente autoritarios, su falta de autocrítica, el pragmatismo derivado de las tácticas y estrategias empleadas.
Pero existe un motivo que explica situaciones pasadas y presentes, siempre con implicancias negativas para el cuadro merengue. La prensa deportiva de Madrid no es cualquier prensa: interviene en la vida política e institucional sobre la base de un aceitado dispositivo de persuasión, dado el poder y los alcances de los diarios Marca y As, capaces de urdir campañas contra técnicos, dirigentes y jugadores amén de vender noticias provenientes de dudosas fuentes, afirmados en su rol de jueces legitimados, visualizados por muchos como "la voz del Madrid", infranqueables y hábiles para defender sus intereses. Este actor influyente, da la sensación, genera ruidos en el interior del club difíciles de atenuar, cuyas resonancias repercuten en una dirigencia que viene errando seguido en materia de reposicionar a la entidad y, asociado con esto, obstaculiza la idea de definir y consolidar un proyecto que no se desplome ante la primera turbulencia.
Ejemplos, sobran. Decía Alfredo Relaño, director del diario As, tras la contratación de Mourinho. "Ahora llega a España por la puerta más difícil: el Real Madrid. La más difícil porque el Madrid lo tiene que ganar todo, porque en todo lo que juegue tiene enfrente al tremendo Barcelona de estos días y, también, porque el Madrid nunca ha sido un equipo de entrenador. Por alguna ley no escrita, que son las que valen, a este equipo nunca se le ha recordado por su entrenador (...) Pues ahora estamos ante el Madrid de Mourinho. La llegada de este entrenador de tantos éxitos es tanto o más significativa por cuanto que Florentino Pérez (presidente) se había ganado en los últimos años una fama, no del todo injusta, de decidir al ciento por ciento sobre los fichajes e influir al noventa sobre las alineaciones. Para todos los que estamos cerca del Madrid, la decisión de Florentino de fichar a Mourinho fue un gesto casi heroico, una renuncia a manosear el juguete, una decisión drástica y difícil como la de dejar el tabaco de un día para el otro. Con Mou el Madrid abre otro tiempo. El mejor club del siglo XX se pone en manos del mejor entrenador de lo que va del siglo XXI. El experimento es interesante". El visible optimismo de Relaño mutó en escepticismo y enojos luego del traspié del Real Madrid ante el Levante, en esta temporada donde brilla y ofrece una contundencia admirable. "Fue la peor impresión del Madrid de Mourinho desde aquel 5-0 de Barcelona. Y ojo, que ya está en su segunda temporada", sostuvo. Lo último escrito por Relaño suma otro enfoque a las palabras de bienvenida y a la implacable sentencia cuando los resultados no acompañan. "La obsesión del Barça ofusca a Mourinho seriamente y eso hace que arrastre al Madrid a un mundo que no es el suyo. Ante el Barça tiende a convertirse en algo muy distinto y desde luego peor. Y son estos últimos partidos los que se ven en todo el planeta, no los otros, que son más y son mejores ", señaló en su columna, con algún que otro elogio -pese a todo- hacia el equipo dirigido por el técnico portugués.
Marca, en tanto, adoptó una actitud decididamente desestabilizadora, como ya ocurrió otras veces, luego de ponderar la imagen de Mourinho en el comienzo del ciclo del ex técnico del Inter. Previo a la caída con el Barcelona por la Copa del Rey, sugirió sin disimulo, en la portada del diario, que el entrenador alemán Joachim Löw era el candidato ideal para hacerse cargo del equipo. A lo que se sumó otro hecho que revela la animosidad de este diario y la magnitud de su rol sobre el seguimiento de la actualidad del Real Madrid. Antes del reciente duelo con el Atlético Bilbao, con las heridas abiertas del público luego de otra derrota frente al cuadro culé, publicó en tapa una desavenencia entre un jugador y Mourinho en tamaño gigante, junto pequeñas notas relativas a "cómo recibirá la afición a Mou". La saga de noticias acerca del sombrío clima en torno del entrenador se completó finalizado el partido donde Real Madrid superó al equipo de Marcelo Bielsa. As levantó un segmento del programa televisivo Punto Pelota, en el cual un periodista, Sirio López, sostenía con enfasis y a modo de primicia que Mourinho se irá el 30 de junio, independientemente de los resultados. Un programa cuyos columnistas, ubicados en un panel similar al envío local El show del fútbol que conduce Alejandro Fantino, especulaban sobre la chance concreta de un Real Madrid sin Mou.
Se observa, según el presente escenario, el influjo de la prensa deportiva madridista, sus modos oscilantes, el éxito inmediato como única variable de análisis. Y ligado con esto la inestabilidad de una conducción que delega poder y capacidad de decisión en un entrenador, luego exige respetar la historia madridista y al día siguiente inicia otro proyecto, con características diametralmente opuestas al ciclo anterior. Elegido para el cargo, sabían los que avalaron la contratación de Mourinho de su alto perfil, la forma de enfrentar a fuertes actores como la UEFA y los medios de comunicación, además de una centralidad en torno de su figura y manejo de grupo que exigía, cuanto menos, paciencia. "Prostitución intelectual", de hecho, es una expresión del portugués que no la pronunció en Madrid sino mucho antes, en paisajes donde quienes confiaron en sus saberes y su conducción obtuvieron réditos. Parece difícil, frente a semejante adversidad, que el Madrid de Mourinho arribe a zonas más prósperas y revierta lo que parece sentenciado: más temprano que tarde y en la soledad conocida -rémora de la infancia- Mou será historia vieja de un club cuyos ruidos enemigos se generan en casa.
P.P.
jueves, enero 12, 2012
MEDIOS // Un lector como yo
Después de autocelebrarse como el mejor, en el marco de una competencia donde participaba uno, Olé ya no estará solo en el mercado de diarios gráficos deportivos, ante la ya confirmada aparición de Libre -de Editorial Perfil- dedicado exclusivamente al deporte tras un sonoro fracaso en ventas como periódico popular, y el retorno de El Gráfico diario, previsto para el mes de marzo bajo las órdenes de Sergio Spolzki. Lejos de augurar cambios profundos en materia de contenidos, resulta saludable disponer de opciones habida cuenta del predominio de una única publicación dedicada al rubro -favorecida por la posición dominante del Grupo Clarín respecto de la producción de papel-, algo inusual en otros países donde existe más de un diario, más variedad de enfoques y, sobre todo, existe la posibilidad de elegir.
Predominio que engendró con el tiempo un periodismo peculiar , situado en la frontera del rigor profesional, con características inéditas y revulsivas, expresadas en un lenguaje rudimentario pero eficaz según sus criterios comerciales, secciones provocativas al filo del agravio directo bajo el tamiz de "descontracturar" las formas establecidas; desplazamiento de la investigación en favor de la noticia de impacto y dispositivos anclados en el sentido común cuyas narraciones diarias presumieron, desde su comienzo en mayo de 1996, construir o ser parte de las denominadas agendas.
Todo sobre los pliegues de un mercado en expansión que consagraba al deporte, sus relatos, en su faceta de entretener antes que de informar. En ese panorama, para muchos resultó complejo desentrañar los reales objetivos de Olé, su exitosa recepción, su espíritu corrosivo, razón por la cual cabe consignar que, en Argentina, este emprendimiento inédito, sin competencia, logró penetrar en los sentimientos de los lectores apasionados por el deporte. Supo perturbar y convocar a los públicos desde la pasión, aunque con el tiempo fue quedando claro, conforme los medios entraron en el debate cotidiano, que para algunos sectores de la prensa sus intereses predominaban por sobre las convicciones y tenues gestos donde se revelaba un periodismo audaz, no mimetizado con los dictados del verdadero poder.
Transcurrido el tiempo, consolidado Olé como producto redituable y voz influyente, la aparición de un segundo diario deportivo genera preguntas, si bien -como se dijo- alienta alguna esperanza. Tras su fallido intento por disputar segmentos con Crónica y Diario Popular, a lo que se añadía el desembarco coincidente de Muy, una publicación casi idéntica del Grupo Clarín, Libre no pudo sostenerse según sus números de venta (menos de 5 mil ejemplares por día), acaso derivado de un excesivo y no disimulado sesgo amarillista, amén del mercado saturado y de un hecho no reconocido por sus responsables pero factible: haber nacido como diario de coyuntura. Pautada para febrero la fecha de salida a la calle, el nuevo Libre tiene por delante una oportunidad nada desdeñable, abarcar zonas grises que deja Olé, relegar sensacionalismo y profundizar en análisis y convertirse, en suma, en una opción diferente. Cuenta, en principio, con dos hombres capacitados y de probada trayectoria: Edgardo Martolio y Javier Manes, quienes trabajaron en la extinta Solo Fútbol, material señero en lo que a revistas deportivas refiere. Y tiene como ventaja, en caso de redondear un producto de cierta calidad, captar a lectores desencantados con Olé o, directamente, a aquellos que recurren a blogs y sitios alternativos frente a las omisiones, los lugares trillados, las intencionalidades encubiertas y las coberturas escasas o nada sorprendentes de todos los diarios, sin excepciones.
No obstante, y como diario deportivo, el desafío es complejo. Porque, muchas veces, la tarea demanda producir la noticia y, especialmente, erigirse en una opción seductora no solo por competir con una publicación instalada que vende más de 35 mil ejemplares de lunes a domingo, perteneciente a un poderoso multimedios. También por la disyuntiva que enfrenta: inaugurar otra forma de hacer periodismo, con nuevas secciones y un tono propio, o disputar el segmento de lectores en base a la lógica del impacto, con ídéntico lenguaje al diario deportivo nacido hace casi 16 años. Quizás prevalezca esto último, aunque por qué no imaginar perfiles de deportistas que dejaron una huella, sustanciosa estadística, opinión calificada y no condicionada, reseñas históricas, investigaciones a fondo, materiales para coleccionar, además del seguimiento de la actualidad apartada, o no subsumida, por el escándalo en clave de farándula para principiantes.
Expectativa, en suma, mientras un tercer diario espera su turno.Con enfoques conocidos o no, con narrativas similares, internalizado ese modo opaco de analizar el deporte, no parece poca cosa que se abra el cerco y asomen otras voces respecto de medios gráficos dedicados al deporte.Quién sabe si en la diversidad surja un debate sobre estilos, limites y pràcticas periodìsticas. O también, de agotarse ciertas lógicas, redima del vacío que sienten muchos a la hora de entablar una relación afectiva con el medio gráfico, algo frecuente en otra época. Parafraseando a Carlos Ulanovosky, y lejos postularse criterios elitistas, se trata de proyectar "un diario que se diriga a un lector como yo".
P.P.
viernes, diciembre 30, 2011
FÙTBOL ARGENTINO // Las tareas por venir
A nadie escapa la crisis profunda que atraviesa el fútbol argentino en todos sus estamentos. Naturalizada por muchos, los ejemplos sobran y se retroalimentan año a año . Escasez de figuras, Selecciones Nacionales ausentes, disputas con ribetes de escándalo en el seno de la AFA, sectores periodísticos encapsulados en sus banalidades y un denuncismo vacío directamente ligado con propios intereses afectados, clubes sumidos en recurrentes padecimientos económicos. Consecuencia directa de un sistema en decadencia cuyo origen, en gran medida, remite al convenio formalizado entre la AFA y la sociedad TSC-Grupo Clarín, que dejó un tendal de instituciones al borde de la quiebra, carta libre para que empresarios y grupos económicos urdieran todo tipo de negocios, amén de fomentar la entronización de barras bravas y una prensa obediente que construyó un lenguaje despojado de análisis e investigación, en clave de show anestesiante, perdurable hasta el día de hoy.
El panorama, de acuerdo con este diagnóstico, dista de ser auspicioso aunque algunos indicios alientan tibias esperanzas. No es menor que más de 25 millones de argentinos puedan observar a sus equipos por televisión abierta tras la irrupción en 2009 del programa Fútbol para Todos, concebido como un servicio, un derecho restituido tras 18 años de estafa perpetrada por la empresa que detentaba los derechos, con anuencia de la AFA. Tampoco resulta nimio el creciente repudio al mercenarismo barrabrava, expresado sobre todo en Independiente con la victoria de Javier Canteros sobre Julio Comparada, y el proceso democrático que vive Racing en base al protagonismos de sus asociados, conscientes de los males del gerenciamiento acaecido en el 2000, pensando primero en su club antes que entregarse, dócilmente, a comprar espejitos de colores. Por último, y ligado con lo anterior, dos hechos merecen tenerse en cuenta a fin de imaginar un horizonte más venturoso. Parece quedar en evidencia que fracasaron los embates privatizadores en el fútbol argentino (a través de Sociedades Anónimas), en parte por aquel pilar de resistencia que fue el Foro Social del Deporte a fines de los 90 -las instituciones como asociaciones civiles sin fines de lucro-, y otro tanto porque se advierte en este último tiempo y en algunas entidades, el protagonismo de socios e hinchas, movilizados para defender los intereses de su club, su identidad, su voz autorizada tendiente a evitar experiencias traumáticas.
Gestos incipientes a consignar, en un ajustado repaso, sobre este momento crítico que demanda revisiones y cambios después de la herencia dejada por un convenio nocivo. La saludable participación del Estado es una clave, no solo para garantizar que millones de hinchas accedan a ver fútbol, sino también para que de una buena vez se ejerzan controles en los clubes acerca de lo que reciben y gastan. Y exigir, como socio de la AFA, transparentar vínculos y democratizar el ente rector del fútbol argentino, sugerir otro enfoque periodístico y ser consciente, sabiendo de sus limitaciones frente a las normativas de la FIFA, que de seguir por este camino no habrá salida a los males imperantes.
A alguien debe llamarle la atención cómo Argentina progresa, en otros deporte y otros ámbitos, mientras en el fútbol, nada menos que el fútbol, un patrón cultural, una pasión de millones, un poderoso reservorio de pertenencia, involuciona. Las excepciones citadas, a las que suman la repercusión de Fútbol para Todos en términos de identidad a nivel país junto a los casos testigos de Vélez y Lanús, suponen que es posible revertir años de despojo.Y muestra, también, de la enorme e imprescindible tarea que queda por delante.
P.P.
jueves, diciembre 29, 2011
RACING // Por eso vengo
Se van apagando los recordatorios del último título ganado por Racing, hace 10 años, que operó como suspiro, pequeño gran suspiro, ante un prolongado tiempo de desdichas y serios desórdenes institucionales. Auténtico acontecimiento popular, muchas son las imágenes y las evocaciones de aquel campeonato obtenido en una época turbulenta, coincidente con las derivaciones del estallido del 19 y 20 de 2001 cuando el pueblo argentino dijo basta. Claro que hubo otro aparente basta, pero en el fútbol, con no pocas similitudes dada la intensidad de ambos sucesos, esos días de euforias y ansiedades contenidas, aunque diferentes cuando se analizan contextos, escenarios y contornos de las dos gestas. Alcanza un botón de muestra: un Racing gerenciado volvía a salir campeón después de tres décadas y media en el marco de furias extendidas contra bancos y empresas privatizadas, secuelas profundas del neoliberalismo que alcanzó también a los clubes, incluido el propio Racing.
Paradojas de una institución compleja y muy especial que motivó, al cumplirse el aniversario del título, lecturas lúcidas e imprescindibles como Racing Carajo, de Alejandro Wall, un minucioso trabajo en el cual desfilan historias no conocidas, hinchas militantes que dividían sus horas y sus esperanzas entre la Plaza de Mayo y una cancha de fútbol, personajes peculiares, relatos susceptibles de nostalgias varias y, sobre todo, la pasión que articula la obra en torno de dos sucesos imposibles de disociar. Afortunadamente tuvo amplia repercusión el libro de Wall y no es para menos. Por un lado, porque constituye un testimonio de colección fruto del encadenamiento de la trama y de su rigor; y por otro, honra a los hinchas de La Academia a través de la literatura, de modo franco y directo, en la vereda de enfrente de otras escrituras como Racing, una pasión inexplicable, del periodista Guillermo Salatino. Un texto pomposo este último que parece celebrar a Blanquiceleste Sociedad Anónima.
También se comentó bastante sobre el equipo campeón dirigido por Mostaza Merlo. Y no dejan de llamar la atención algunas cosas: cómo un plantel limitado y casi sin figuras
produjo semejante campaña (42 puntos, uno menos que el laureado y multimillonario Boca de Falcioni) al punto de postergar a un River fuerte y ambicioso. Rival duro hasta la última fecha, el equipo millonario finalizó un punto debajo en la tabla, tuvo al goleador del torneo (Martín Cardetti, 6 goles por encima del elegido mejor futbolista del mundo en Sudáfrica 2010, Diego Forlán de Independiente) y casi termina por arrebatarle el campeonato a Racing de no mediar el recordado bombazo del colombiano Bedoya, casi en el epílogo, y las situaciones dilapidadas por el cuadro de Ramón Díaz en el trascendente encuentro disputado en la jornada 16ª. Sin embargo, empujado por su gente y algún fallo arbitral favorable, Racing logró quebrar el maleficio y desatar, de este modo, un ruidoso festejo en varios puntos del país. Título que tuvo aciertos del entrenador y la unión de un conjunto de jugadores conscientes de las obligaciones y sus posibilidades, lejos de conflictos de cartel u otras veleidades. El repaso del plantel, nuevamente, resulta significativo ya que a menudo aparecen nombres como Milito, Chatruc, Estévez, Úbeda, Loeshbor, Maciel, Bedoya, Campagnuolo, Bastía, Arano, Gustavo Barros Schelotto, -todos por su influencia-, pero la nómina se extiende a otros no tan reseñados, entre ellos Pelotín Vitali, Maceratessi, Leo Torres, Viveros y algunos directamente olvidados por gran parte del ambiente futbolístico; Arce, Loscri, Javier Lux, Luis Rueda, Principiano. Sobre los cimientos colectivos se gestó el campeonato que, como se dijo, exhibe otro pilar fundamental, acaso el más decisivo: los hinchas.
Paradojas de una institución compleja y muy especial que motivó, al cumplirse el aniversario del título, lecturas lúcidas e imprescindibles como Racing Carajo, de Alejandro Wall, un minucioso trabajo en el cual desfilan historias no conocidas, hinchas militantes que dividían sus horas y sus esperanzas entre la Plaza de Mayo y una cancha de fútbol, personajes peculiares, relatos susceptibles de nostalgias varias y, sobre todo, la pasión que articula la obra en torno de dos sucesos imposibles de disociar. Afortunadamente tuvo amplia repercusión el libro de Wall y no es para menos. Por un lado, porque constituye un testimonio de colección fruto del encadenamiento de la trama y de su rigor; y por otro, honra a los hinchas de La Academia a través de la literatura, de modo franco y directo, en la vereda de enfrente de otras escrituras como Racing, una pasión inexplicable, del periodista Guillermo Salatino. Un texto pomposo este último que parece celebrar a Blanquiceleste Sociedad Anónima.
También se comentó bastante sobre el equipo campeón dirigido por Mostaza Merlo. Y no dejan de llamar la atención algunas cosas: cómo un plantel limitado y casi sin figuras
produjo semejante campaña (42 puntos, uno menos que el laureado y multimillonario Boca de Falcioni) al punto de postergar a un River fuerte y ambicioso. Rival duro hasta la última fecha, el equipo millonario finalizó un punto debajo en la tabla, tuvo al goleador del torneo (Martín Cardetti, 6 goles por encima del elegido mejor futbolista del mundo en Sudáfrica 2010, Diego Forlán de Independiente) y casi termina por arrebatarle el campeonato a Racing de no mediar el recordado bombazo del colombiano Bedoya, casi en el epílogo, y las situaciones dilapidadas por el cuadro de Ramón Díaz en el trascendente encuentro disputado en la jornada 16ª. Sin embargo, empujado por su gente y algún fallo arbitral favorable, Racing logró quebrar el maleficio y desatar, de este modo, un ruidoso festejo en varios puntos del país. Título que tuvo aciertos del entrenador y la unión de un conjunto de jugadores conscientes de las obligaciones y sus posibilidades, lejos de conflictos de cartel u otras veleidades. El repaso del plantel, nuevamente, resulta significativo ya que a menudo aparecen nombres como Milito, Chatruc, Estévez, Úbeda, Loeshbor, Maciel, Bedoya, Campagnuolo, Bastía, Arano, Gustavo Barros Schelotto, -todos por su influencia-, pero la nómina se extiende a otros no tan reseñados, entre ellos Pelotín Vitali, Maceratessi, Leo Torres, Viveros y algunos directamente olvidados por gran parte del ambiente futbolístico; Arce, Loscri, Javier Lux, Luis Rueda, Principiano. Sobre los cimientos colectivos se gestó el campeonato que, como se dijo, exhibe otro pilar fundamental, acaso el más decisivo: los hinchas.
Precisamente los hinchas, ya en el cierre de los tributos por el 10º aniversario, se reunieron en un boliche de Plaza Italia con ex jugadores, dirigentes e invitados especiales no solo para festejar un simbólico campeonato, sino también para celebrar la pasión y exigir nuevas alegrías. Y aunque a veces se tiende a amplificar sobre la fidelidad y el espíritu irracional de la gente de Racing, existe algo no del todo perceptible en el vínculo de los simpatizantes con su club -como en seguidores de otras instituciones- que lo torna seductor. El apego a la historia gloriosa, el estadio Perón, las mil maneras de resurgir, quizás se trate de eso. O simplemente advertir un rasgo extraño, obstinado e inasible, en el friso de otras poderosas y no menos atrapantes identidades.
P.P.
jueves, diciembre 15, 2011
FÚTBOL COLOMBIANO // Todavía bulle
Determinados factores que desembocaron en el peor momento de su trayectoria no constituyen novedad alguna: malas administraciones, impaciencia ante malos resultados, coletazos de la crisis económica del país e inversores ajenos al club figuran entre las causas. Pero sí, y pese a que esto se ha reseñado en Colombia hasta el cansancio, sobresale por encima de cualquier otro aspecto un hecho relevante, desconocido en otras partes el continente, que explica el derrumbe del América. La lista Clinton, impulsada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a fin de "combatir el narcotráfico", impuso restricciones y castigos por los vínculos de América con el cartel de Cali (los hermanos Rodríguez Orejuela), lo cual generó un bloqueo económico que hizo mella en la institución. Más de allá de los esfuerzos pasados y presentes del Estado y de algunos dirigentes por sanear a la entidad, resulta evidente que aquella medida sumió a los Diablos Rojos en un caos institucional de significativas proporciones cuyos efectos, previsiblemente, abarcarían al plano deportivo. La Promoción, impensada para muchos que creen en la invulnerabilidad de ciertos equipos, es una entre tantas consecuencias. Ni más ni menos importante que otras como haber cedido parte de su patrimonio, abrirle la puerta a nuevos agentes privados y, fundamentalmente, perder buena parte de un prestigio bien ganado a raíz de hechos oscuros (corrupción, negocios tramados, ayuda externa), no solo en su país sino en otros lugares de Sudamérica.
Por fortuna para América, no existe chance de que se concrete el descenso. Por un lado, porque en el partido de ida marcó claras diferencias con Patriotas, el club que juega en la B, al empatar 1 a 1 en condición de visitante, incluso con un jugador menos. Y por otro debido a los fuertes intereses en juego relativos a una entidad suficientemente grande en un país que lo necesita deportiva y económicamente. Alcanza con revisar lo que produce en términos comerciales -dirigentes de otras entidades avizoran un descalabro financiero de perder la categoría el cuadro de Cali) y con advertir el pulso de un entorno que vive con tensión el desenlace. El Tren Valencia, recordado jugador por los argentinos, así lo sugirió al declarar: "Una final del fútbol colombiano sin América es como un Mundial sin Brasil. La Primera A sin los Diablos Rojos es más o menos lo mismo".
Ya no juegan Willington Ortiz, Antony D'Avila, Roberto Cabañas, Jorge Bermúdez, Alex Escobar, Ricardo Gareca, Julio César Falcioni, Jorge Da Silva, Juan Manuel Battaglia, Fredy Rincón, Harold Lozano, y tantos otros de las últimas tres décadas. Apenas Jairo Castillo, hoy titular, 7º goleador histórico de los Diablos, evoca al viejo América: el de la mística copera aún en la derrota, el reconocido como segundo mejor equipo del mundo, el que inspiró la frase "Pasión de un pueblo" y también músicas coloridas en diversos géneros. Algo de ese América, como en otros clubes grandes de la región, todavía bulle.
Tozudamente, bulle.
P.P.
lunes, diciembre 12, 2011
ALL BOYS // Claves para un futuro mejor
Terminó el año futbolístico de All Boys con sensaciones variadas. Satisfacción por haber sostenido la categoría, preocupación tras el deslucido comienzo en esta temporada y numerosos ítems a revisar que abarcan al proyecto dirigencial en Primera División, a la vida política de la institución, a las alicaídas divisiones inferiores y a la armonía que demanda el gran desafío del 2012, previo al centenario, relativo a sortear la promoción ya sea jugándola o no. Son las postales salientes finalizado este certamen que All Boys sufrió con creces, entre las cuales también sobresalen otro tipo de imágenes: la de las victorias ante Vélez, San Lorenzo y Argentinos, la del valorable esfuerzo para encauzar el rumbo y acaso la más importante; la de un equipo que concluye su año enfrentando a Boca, en la Bombonera, respaldado por una multitud como ocurre con pocos equipos en ese escenario que, esta vez y acaso de modo inédito, exhibió una sola tribuna repleta en su totalidad, precisamente la visitante.
Así presentado, el balance no deja margen para mayores cuestionamientos y enojos al irrumpir, con fuerza envolvente y seductora, en la Primera A como ámbito que cobija a un club que hace 5 años atrás -sí, un lustro nada más- terminaba la temporada con derrota en Rosario ante uno de los actuales animadores de la Primera C, Central Córdoba (0-2), en otro de los tantos naufragios del Albo en la B Metropolitana. Aquellla formación dirigida por el Coqui Ferraresi alistaba en su plantel a Diego Morales, Ángel Vildozo, Diego Martínez, Fernando Fayart, Darío Stefanatto, Maximiliano Mirabet, Fabián Lazarte, Germán Scamporrino, por citar algunos futbolistas con más o menos incidencia en la institución, protagonistas de una biografía imposible de desconocer como las distancias que van de ayer a hoy. Algo demasiado importante para caer en sentencias despiadadas, olvidos repentinos y obsecuencias que, estáticas e irreflexivas, conducen a fosilizar logros colectivos y generar respuestas condescendientes derivadas del gran anhelo al fin concretado.
Sobre esto último, cabría repensar determinados aspectos de cara a un año, el 2012, donde pasado, presente y futuro imponen condiciones. La principal -da la sensación- es ser consecuente con el histórico estilo de oponer resistencia a las adversidades, motivo por el cual All Boys debe jugar muchísimo mejor que en este Apertura ya concluido. En tal sentido, urge corregir y robustecer, en base a análisis responsables y firmes decisiones, núcleos vitales de un club que vive el mejor momento deportivo de su trayectoria. Y que se ligan con reforzar el plantel, contemplar planes alternativos ante posibles contratiempos, recuperar la mística de conjunto y no perder de vista que un capricho, una errónea determinación, una obstinación prescindente de autocrítica o un gesto altivo cargado de soberbia o intolerancia podría desdibujar sacrificios de años hechos por todos (dirigentes, cuerpo técnico, jugadores e hinchas).
También redefinir áreas claves a fin de afianzar una estructura impermeable a resultados deportivos que, al mismo tiempo, de lugar a reactivar la vida social del club, figuran entre las asignaturas pendientes. Al cabo, ningún éxito es para siempre. Aunque ambos planos, más temprano que tarde y en caso de atenderlos con seriedad y de modo asociado, invitan a pensar en un All Boys vigoroso y cada día más grande, a la altura de los sueños visibles y escondidos que aún anidan entre fuegos nocturnos, cadencias engañosas y símbolos entrañables de un barrio renuente a despojarse de sus miles de historias guardadas, de sus pasiones y de sus luchas, cuando todavía sobrevienen ruidos que retumban en las paredes blancas inoxidables al tiempo y dan testimonio, en su imaginaria movilidad, de una felicidad corta pero intensa. De aquello que amamos de verdad para volverlo a intentar una y otra vez.
En la dicha escurrida y latente está el secreto de este club demasiado atrapante como para olvidarlo, dejarlo ir y decirle, cualquier día de los días, adiós.
P.P.
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