lunes, agosto 23, 2010

ALL BOYS // Defender la humildad


Después de largas temporadas peregrinando por las canchas más hostiles, de afirmarse en las fortalezas de aquellos que construyeron sus orgullos, sus enemistades y sus sueños de gloria en el fútbol del ascenso, All Boys disfrutó de un momento histórico en su vida deportiva tras vencer a Boca con llamativa autoridad. Lo tiene merecido ante tanta perseverancia y tanta ilusión contenida de sus hinchas, influyentes protagonistas de este nuevo suceso junto con dirigentes, jugadores y cuerpo técnico.Triunfo de alto impacto, acaso fundacional si se considera la densidad del cronograma de partidos en Primera División y visiblemente meritorio pese a haber enfrentado a un Boca turbulento y desorientado que no deja de ser un rival calificado de acuerdo con el plantel actual y, sobre todo, con su linaje de entidad popular y muy laureada en su pasado reciente.

En ese sentido, surtió efecto los cambios implementados por Pepé Romero dado que hubo mejoras sustantivas en relación al duelo con Vélez. De hecho se vio una idea previa bien concebida al intentar dominar el mediocampo, jugar con otro ímpetu teniendo en cuenta la dimensión del adversario y sacar provecho de algunas modificaciones posicionales y de nombres que se venían reclamando, entre ellas los ingresos de Fernando Sánchez, rueda de auxilio permanente en la zona media e histórico del plantel, y de Sebastián Ereros, acompañante del solitario Mauro Matos en ataque y de movimientos rápidos e interesantes.

Con otro dispositivo táctico (el tercero diferente desde que comenzó el torneo),  el cuadro de Floresta ganó en consistencia y en intensidad al reforzar dos líneas clave (la defensa viene cumpliendo aceptablemente, con Carlos Soto y Nicolás Cambiasso como líderes), aunque el dato sustantivo del triunfo remitió a haber recuperado parte del estilo que distingue a este equipo desde 2007, independientemente de los apellidos: el sacrificio conjunto, la unidad detrás del objetivo y el aplomo para desplegar un juego fluido y por momentos vistoso en situaciones favorables.



La máxima categoría reviste dificultades ya que ningún partido es similar a otro e imperan las contingencias y las resoluciones rápidas. Ni hablemos entre aquellos clubes que disputan su primera temporada, obligados a la cosecha continua de unidades en tiempo récord. Queda pendiente, con miras a lo que viene, tener en cuenta algunas situaciones que atañen al esquema presentado ante Boca y a medidas tomadas por las autoridades. Sobre lo primero, la decisión de Pepé Romero de no jugar con un denominado enganche supone valentía, riesgo y, quizás, conflicto. Un dato: en el plantel hay tres en condiciones de hacerlo; Matías Pérez García, Ariel Zárate y Sebastián Grazzini. Respecto de lo segundo, llamó la atención el contraste entre los reclamos dirigenciales de All Boys previos a los encuentros con Vélez y Boca, suscitados por la presunta intención de de mudar los partidos a otra cancha. Con un agregado: no es razonable, por ejemplo, que un club le entregue a la institución xeneize 10 mil populares y 2.400 plateas. Parece excesivo si bien se comprende la intención de recaudar dinero en un encuentro especial (aun así, Boca devolvió tickets). Tampoco es razonable jugar con las entidades denominadas grandes lejos del Islas Malvinas, estadio que dispone de espacio y comodidades según lo establecido por los organismos de seguridad. Y muchísimo menos es razonable insistir con la venta de entradas generales a 70 pesos en los partidos de All Boys como local, algo remediado ante Boca.

No menos cierto, referido a estos ítems controvertidos, es que Pepe Romero demostró no atarse a un modelo y promover, llegado el caso, diversas modificaciones en cuanto nombres y estrategias. También esta dirigencia demostró compromiso para defender los intereses del club y respetar a los asociados y a los hinchas, quienes desempeñan un importante rol mediante diversas actividades sociales y deportivas que convocan al barrio de pertenencia.  La victoria Boca, en definitiva, también es consecuencia de haber trabajado colectivamente, sin perder la humildad ni apartarse del rumbo trazado. Y por eso cabe añadir un último punto a revisar -a riesgo de ser apresurado, es cierto- ceñido a Cristian Fabbiani, que debutó con la camiseta de All Boys exhibiendo lo mismo que en sus últimas apariciones: un estado físico lejos del ideal, lujos intrascendentes que envalentonan al rival debido a su declarado propósito de provocar, y recurrentes episodios circunscriptos a ámbitos no deportivos.

Un contrasentido, da la sensación, según el recorrido de un club que edificó desde el perfil bajo y la humildad un presente victorioso e impensado apenas algunos años atrás.

Pablo Provitilo

2 comentarios:

Ernesto dijo...

Muchas gracias All Boys oh oh oh oh muchas gracias all booooys, muchas gracias all boys oh oh oh oh

mordiendo palabras dijo...

loco, por tu culpa ahora me gusta el fulbo, el chori de cancha y esa actitud de militante que tienen algunos jugadores.