lunes, febrero 08, 2010

RIVER // Los aromas de las encuestas


Las encuestas y los encuestadores, fuentes de consultas inevitables para medir las conductas-expectativas de los públicos-consumidores, vienen recibiendo severos cuestionamientos en el último tiempo. Un poco por la confiabilidad de los datos, otro tanto por la dependencia que genera en determinados actores.

Algunos episodios recientes reafirman las mencionadas críticas o, peor aún, revelan su ineficacia en ciertos casos. Yendo al tema del que se ocupa este sitio, diversos test de opinión en medios audiovisuales ubicaron a River como el principal favorito a ganar el presente torneo Clausura. Un dislate que, posiblemente, haya surgido de dos lecturas epocales: los lógicos entusiasmos que genera entre los hinchas el inicio de un nuevo campeonato y la liviandad, la pereza, la simplificación periodística para dejarse encandilar por resultados circunstanciales y, consecuentemente, olvidar un proceso, un itinerario, un legado de equívocos manifiestos con repercusiones nocivas.

Se dijo, desde aquí, que 8 años de despropósitos institucionales no salen gratis. Existe un déficit -económico, político, cultural- que no desaparece inmediatamente con el arribo de una nueva gestión. No hay cambios mágicos ni repentinos, en todo caso hay un agujero negro a rellenar con decisiones sensatas, trabajo conjunto, paciencia del entorno y mucho pero mucho esfuerzo. El equipo actual de River expone, en ese marco, su pasado reciente en múltiples aspectos: desidia, temerosidad, falta de jerarquía, desconcierto. Y no hay un solo indicio de que podría ser de otra forma, dado que persisten las marcas de un período que trastocó lo más sensible y, acaso, lo más sagrado: nada menos que la identidad de un club de 108 años.

River, por tanto, afronta un cuatrimestre muy similar a los anteriores, sumido en la mediocridad y en la rémora estéril de una historia ya transcurrida en su faz más gloriosa. Con varias diyuntivas en el horizonte. Por un lado, habitar un mundo extraño como lo es el fondo de la tabla, por otro, soportar el tobogán de la carrera de algunos ilustres, representantes de un tiempo que, más allá del cariño y la infinita gratitud, como decíamos, finalizó. Incluso la permanencia de los viejos ídolos, en algún caso puntual, obtura la reclamada refundación a partir de un desfasaje pernicioso, ya que apuntar a la reconstrucción deportiva implica abrir oportunidades para los jóvenes, propiciar el recambio, construir lo nuevo desde otros basamentos institucionales, otros esquemas y otras caracterizaciones de la etapa. De lo contrario, la resultante es la evocación nostálgica asentada en los viejos intérpretes que, además, no escapan del desconcierto propio, entre otras cosas porque crecieron y se destacaron en un club sólido y ejemplar que hoy, tras la sucesión de desaguisados dirigenciales, no existe más. River hoy es otro club: grande por tradición y terrenal en el plano futbolístico.

Por eso, y con tantos factores a revisar y modificar, cuesta creer algunos augurios periodísticos y encuestas públicas que colocaron a River en el lugar de principal candidato, solo por un puñado de actuaciones más o menos aceptables en los devaluados torneos veraniegos. Injusto, además, porque se omite y se procura invisibilizar a las instituciones que vienen trabajando bien, ordenadas y con interesantísimas apuestas de proyectos a largo plazo, piedra basal de un posible cambio de paradigma en el orden doméstico.

Mejor que detenerse en encuestas y juicios apresurados, por tanto, a River quizás le convenga mirar su flamante museo aunque, sobre todo, mirar las transformaciones dentro del propio club y en el fútbol argentino en su conjunto. Resurgir desde abajo es un buen camino para salir del entuerto, con humildad y sacrificio, con trabajo responsable y directivas claras, como parte de un ciclo novedoso inscripto en una tradición mayor. Y donde, también, ha llegado el momento de derribar algunos mitos. En períodos complejos como los actuales, si bien de menor gravedad, una manera de enfrentar la crisis fue aprender a lidiar en el barro, con el reaseguro de la grandeza de otrora, pero consciente de que la historia, sin actualizaciones ni producciones deportivas que la honren, podría quedar resumida en un lujoso y melancólico museo. Sería bueno tomar nota de aquella enseñanza y dejar que el paladar de ciertos hinchas, selectivo y exigente, disfrute de platos elaborados con una receta diferente, tal vez con menos recursos y más empeño, pero igualmente sabrosos.

1 comentario:

Gonza Averna dijo...

Sin comparar a River con Racing, club del cual soy hincha, entiendo perfectamente cómo es el temita de las encuestas. Se vio en las últimas dos semanas, cuando se vieron encuestas sobre si estabamos para campeones, y conforme fueron pasando los resultados (que no dejan de ser sólo 3, pero hubo 2 derrotas consecutivas) llegamos al punto de desayunarnos el "los refuerzos le alcanzarán a racing para salvarse del descenso?"

Igual la mayoria votó que piensa que sí, que alivio (?).

El sensacionalismo y la racionalidad no pueden ser amigos. Claramente.

Saludos.-