miércoles, agosto 10, 2011

ALL BOYS // De dónde venimos



La décima temporada de All Boys en Primera obliga a ser cautos en los análisis y justos a la hora de reseñar errores. No se jugó bien en el debut con Belgrano, es cierto, pero debe considerarse que se trata del primer partido, de las dificultades de enfrentar a un adversario ultramotivado y de valorar este inicio en la máxima categoría, en las antípodas de compartir escenarios con Flandria o Brown de Adrogué, dos clubes simbólicos para este sitio. Sucede que si se pierde de vista el recorrido de estos años, los avances consumados en distintos planos, la exigencia podría redundar en la ingratitud y un olvido contraproducente que no se corresponde con el presente deportivo ni con la impronta de un club memorioso hasta de los nombres más infaustos.

Que All Boys juegue en Primera configura un dato para valorar independientemente de los resultados, lo cual de ningún modo supone conformarse con lo conseguido o no proponerse objetivos superiores. Simplemente ayuda a bajarle el tono al exitismo, influido por el discurso de algunos medios, y a disfrutar de este tiempo para muchos impensado luego de haber internalizado relatos que hablaban de un pasado alguna vez glorioso, especialmente quienes conocieron las canchas más hostiles, las derrotas más hondas, la sensación amarga de verse reflejado en un espejo impermeable al paso del tiempo. Por eso el cuestionamiento ante resultados adversos convive con la estela de un ciclo de crecimiento y fecundas alegrías, dado que sería engañoso creer que la historia de All Boys comenzó en 2008 con abundancia de triunfos y enemistades con Vélez y Argentinos Juniors. Detrás de este presente se esconden esfuerzos de años, sueños colectivos nacidos de la adversidad, batallas pasadas que se prolongan hasta hoy y mucha capacidad para absorber desengaños, errores evitables, crueles designios del destino.

Ese mecionado trayecto sirve para dimensionar que no es menor observar al cuadro de Floresta en la A. No es algo de todos los días o un hecho natural de su historia para rendirse a una crítica desmedida, quejosa, o a una obsecuencia interesada que no ayuda a lo que hoy debe ser la principal tarea: trabajar por el club desde distintos espacios como viene ocurriendo, conscientes de que lo primero es All Boys. Señalar lo que está mal y lo que está bien, sabiendo de los avatares de este club, da la sensación que es la mejor respuesta, la más constructiva, cuando lo prioritario es All Boys, un club de los hinchas y de los socios afirmado desde su condición barrial, no sometido a los dictados de una sola persona o sujeto a inoportunas acciones de personajes habituados al conflicto que enturbien los progresos de estos años .

En ese sentido, y aunque el resultado del debut dejó un sabor agridulce, cabe mirar otros aspectos. Las partidas de Fabbiani y Ortega, y los regresos de Stefanatto y Pérez García, a los que se suman otros dos jugadores de la casa como Coronel y Bargas, son noticias positivas, al margen del error de Darío con Belgrano y los interrogantes sobre los futuros rendimientos de los retornados. También la continuidad de José Romero, quien advierte la necesidad de mirar a las inferiores, da elementos para ser mesuradamente optimista. De cualquier manera, nada indica transitar la temporada sin contratiempos en la marcha, con dudas o replanteos agudos, además de denodados esfuerzos para mantenerse y creer en un horizonte con nuevas gestas por protagonizar.

¿Alguna vez lo fue?   

P.P.

viernes, agosto 05, 2011

PRIMERA DIVISIÓN // La finitud





La temporada que comienza viene con la signo de la novedad y de la incertidumbre tras decretarse el descenso de River, un 26 de junio de 2011 gozoso, caótico, para muchos imposible de asimilar. Será distinto el torneo, indudablemente, porque la ausencia deja un vacío inmenso de acuerdo con la cultura futbolera de un país donde River nutrió buena parte de su poderoso influjo sobre la base de equipos brillantes, pasiones que se ramificaron a lo largo del país, hechos y sucesos que lo depositaron en el lugar de los elegidos. Lejos de tratarse de algo inédito en el fútbol argentino, el derrumbe millonario impacta de lleno en el ambiente debido a la magnitud de la caída. No es lo mismo San Lorenzo y Racing, los otros dos clubes que sufrieron tormentos semejantes, que River, lo cual de ningún modo implica comparar aspectos ligados con la grandeza de los tres, pero si consignar un dato fuerte: acá el descendido es uno de los clubes con más adhesiones, el de más títulos, aquel que no podía irse a la B porque trazos de su identidad se cimentaron en el triunfo permanente, en el orgullo de ser el mejor, en la distinción que otorga saberse destinado a nuevas escalas de dicha.

Se presume, en consecuencia, un campeonato diferente sin el cuadro de Nuñez, atípico de solo observar que no habrá superclásicos en la temporada y la atención se desplazará como nunca antes al certamen de la B Nacional, aunque con un dato adicional relevante que lo torna aún más particular: el descenso de River implica también que ya no hay garantías para nadie. Como si se tratara de la caída de un gran relato -y de un mito-,lo sucedido en el torneo anterior sugiere que lo peor y lo mejor puede pasar,decartados los reaseguros de una supuesta invulnerabilidad, amén de arreglos oscuros que, hoy, parecen difíciles de consumarse dada los crecientes dispositivos comunicacionales y un enunciado que ahora forma parte del pasado: "Boca y River nunca se van a ir a la B". Esto supone más transparencia -más allá de los contornos del descenso del cuadro millonario-, pero también una importante cuota de intranquilidad. La única garantía es que no hay garantías para ningún club, se llame como se llame.

En ese escenario de incertidumbres, constituye un desafío saber cómo reaccionarán los grandes, especialmente 3 de ellos situados en una incómoda posición en la tabla de los promedios, no solo en lo que respecta al plano deportivo e institucional, sino también a cómo metabolizarán la ausencia de River y enfrentarán la avanzada de los cuadros denominados chicos, protagonistas en los últimos campeonatos. Es de esperar que la traumática experiencia de River los habrá alertado sobre el probable desenlace cuando se hace todo mal y no hay apelación posible en torno de un relato arcádico que insinuaba inmunidad para los grandes. También esos clubes, da la sensación,posiblemente hayan tomado nota de sus propias experiencias, con dirigencias fallidas y magros resultados. Racing hace 10 años que no sale campeón, San Lorenzo 4, Independiente 9, Boca dejó de participar de torneos internacionales, su bandera de orgullo. Tiempo suficiente para volver a los primeros planos, sin River en el horizonte de adversarios a vencer.


Razones, entonces, de un campeonato inédito, particular, con atractivos diferentes y en el cual los elegidos deberán afrontar todo el peso de la condición que se les adjudica. Por lo demás, será imposible no pensar cada fecha, cada partido, cada minuto en la ausencia de River. Demasiado nombre para contemplar una temporada como cualquier otra cuando, por fin, llegó la hora de aprender que los ciclos terminan y los predestinados a la gloria un día descienden. Como cualquier mortal.

P.P.

martes, agosto 02, 2011

SELECCIÓN NACIONAL // SUB 20, un bálsamo



En este momento delicado e incierto del fútbol argentino, huérfano de alegrías al sumar 18 años sin títulos de cierto relieve en lo que respecta a su combinado nacional y sumido en un caos organizativo de proporciones tras anunciar un torneo disparatado que enardeció con razón a la mayoría de los hinchas, la Selección sub 20 ha sido una rareza, una excepción ante tanto abuso y desprolijidad por parte de la AFA, cuya gestión blindada por ex socios del negocio parece agonizar finalmente y abre esperanzas, de alguna manera, acerca de una inmediata renovación dirigencial en su seno que, por cierto, no conduce al empresario Daniel Vila, la peor de las continuidades posibles.

Y es una excepción debido a los títulos conseguidos en las últimas dos décadas, sostenido por un proyecto serio, con fuerte hincapié en aspectos pedagógicos como parte de una labor formativa a largo plazo, enriquecido en base a sólidos conceptos futbolísticos inculcados por quienes produjeron una visible transformación en un área medular como los juveniles: José Pekerman y Hugo Tocalli, al cabo los responsables del cambio que marcó una bisagra en el itinerario de la categoría. Alcanza con repasar los títulos mundiales conseguidos por el Sub 20 en los ùltimos 15 años, que fueron muchos y en diversas geografías; aquél de Qatar, en 1995, con Ibagaza, Coyete y la dupla Biaggini y Panchito Guerrero que derrotara a España -el gran candidato en ese torneo- y a Brasil en la final; la victoria de 1997, en Malasia, tras superar a Uruguay en el choque decisivo, que tuvo el fútbol virtuoso de Riquelme, Cambiasso, y la fama efímera de Quintanita; el triunfo en Holanda, en 2005, que marcó la aparición de Lionel Messi en el escenario de las grandes competencias televisadas, líder de un seleccionado opaco dirigido por Francisco Ferraro que derrotó a Nigeria en la final. Y otros dos campeonatos seguramente muy recordados por los hinchas a raíz de las cualidades exhibidas por esos equipos: el de 2001, celebrado en Argentina, sede de un torneo que el seleccionado diseñado por Pekerman  ganó desde el principio al fin, con varias goleadas (incluso la final fue por amplia diferencia, 3-0 sobre Ghana), además de estrellas que dejaron su sello (D'Alesandro, Saviola); y el obtenido 6 años después, en Canadá, certamen donde brillaran Sergio Agüero, Maxi Moralez y otros púberes de Racing, consagrados luego de superar a República Checa, bajo la conducción técnica de Tocalli.




Sin embargo, la AFA decidió interrumpir ese ciclo regado de éxitos y orgullos al discontinuar el trabajo de Tocalli, un grosero error no tanto por la partida del ex arquero de Quilmes y sus colaboradores teniendo en cuenta que existe un lógico desgaste, sino por iniciar de cero un nuevo proyecto para los juveniles, con la designación, para ocupar los puestos vacantes, de algunos nombres enrolados en la llamada generación '86, intérpretes de dudosa capacidad y conductas diametralmente opuestas a las de sus predecesores. Es decir, en lugar de proseguir en el camino iniciado por Pekerman-Tocalli, la AFA optó por un cambio inoportuno, como se advirtió al no clasificar al mundial de Egipto en 2009, y en buena medida influyente del rendimiento errático de los mayores. No la única causa del declive del Seleccionado Mayor desde ya, pero sí un ítem muy relevante dado que acentuó el desconcierto, la improvisación, la pérdida del estilo. Y justamente, si algo lograron los juveniles entre 1994 y 2008 fue adoptar y consolidar un estilo.

No obstante, y pese a sus formadores actuales, el sub 20 presenta en la Copa del Mundo de Colombia un equipo que ofrece buenas expectativas. Las razones habrá que buscarlas en esta tierra donde florecen cracks, pero también en posibles efectos residuales de la transformación instituida en 1994. Como si en los mundiales -instancia máxima de esta categoría- alumbraran viejas imágenes de aquellas formaciones serias, con estirpe ganadora y hambre de gloria. Lo que podría considerarse "mística", más allá de los usos y significados que se le adjudican al término. De cualquier manera, la nota más importante es vislumbrar una esperanza al ver a Lamela, Iturbe, Martínez, una defensa de temple y jerarquía, reservas anímicas que trascienden el pobrísimo libreto de un entrenador y, como se dijo, algunos rasgos persistentes de una etapa fundamental en la historia de los selecciones juveniles en Argentina.

Atributos del pasado a partir de los cuales Argentina intentará afirmarse para intentar escapar de la mediocridad de su presente, y erigirse como el más ganador de la categoría, superando al mismísimo Brasil, que acredita dos títulos menos y desde hace 8 años no consigue un torneo.Se podrá argumentar que es el Mundial de Mayores el termómetro para medir rendimientos y que el interés de estos torneos juveniles radica más en su faceta formativa que en el plano de los resultados. Aunque, eso sí, la realización del certamen no reviste características amistosas ni configura únicamente un banco de pruebas, lo cual realza el valor de este tipo de torneos donde se enfrentan selecciones de jerarquía y que son  muy seguidos por los hinchas, como atestigua la memoria según los campeonatos obtenidos en Japón (1999) y los citados de Qatar y Malasia.

De logarlo esta vez, algo difícil pero no imposible, no es inapropiado subrayar la incidencia, al menos en parte, de retazos pasados de una historia. La que, en el último tiempo, llevó a Argentina a lo más alto en materia de juveniles, hecho extraño dado que aquella sucesión de conquistas coincidían con una conducción igual de contaminada que ahora. Por eso, y en caso de coronarse en Colombia, el Sub 20 ratificará que su derrotero está signado por la anomalía, si bien los triunfos de Pekerman y Tocalli eran consecuencia lógica del trabajo paciente, del estudio minucioso, de una idea bien ejecutada pero en el marco de una gestión oscura, con varias frustraciones en el ámbito de los mayores. Ahora, sin plan ni conductores idóneos, subsiste -aunque sea imaginariamente- la huella de ese proceso y acaso sea uno de los factores que sostiene la ilusión de sumar la octava estrella. Las otras ilusiones, afortunadamente en nuestro país, pasan por el talento que no se extingue. La mejor noticia en este tiempo que invita a dar vuelta, de una buena vez, una página que ya agotó las enumeraciones sobre el origen del síntoma.

P.P.

miércoles, julio 27, 2011

FÚTBOL ARGENTINO // Autosabotearse



La irrupción de Fútbol para Todos, hace casi 2 años, suscitó polémicas diversas y mucho revuelo en el ambiente político-deportivo dado que aquella iniciativa, al reponer un derecho de los ciudadanos, limaba el poder de uno de los grupos económicos del país. Recordemos: la transmisiones gratuitas del fútbol por canales abiertos, además de consagrar un servicio, afectó importantes intereses de uno de los socios de la AFA durante largos 18 años, la sociedad TSC-Trisa-Grupo Clarín. No obstante, campeaba un clima auspicioso al terminar con un estafa que dejó -como advertimos hoy- profundas secuelas en el deporte más popular de los argentinos en todos los órdenes: en el organizativo, en el comunicacional, pero más importante aún, en el simbólico. Porque el discurso del monopolio deportivo, con su extendida de red de medios, ocultó el tráfico de negocios urdidos a espaldas de los hinchas y nos atravesó a todos, se adhirió al cuerpo de periodistas, jugadores, entrenadores, dirigentes e hinchas, sobre la base de dispositivos que abarcan lenguajes, conductas, modos de analizar el fútbol.

He ahí un saludable intento que, desde luego, demanda mucho tiempo revertir. Fueron años de absorber un discurso único, cerrado sobre sí mismo, imposible de desmontar dada la prohibición de voces críticas en sus medios dominantes, con excepción de Victor Hugo Morales y un pequeño grupo de periodistas. Lo cierto es que, conforme pasaron las primeras escaramuzas, el llamado Nuevo Orden del Fútbol argentino fue ganando amplios con consensos debido a su acceso (más de 26 millones ven fútbol en Argentina), aunque quedaban aspectos por corregir con miras a una segunda etapa, justamente el enfoque periodístico, con Marcelo Araujo a la cabeza, y la renovación en el seno de la AFA, una tarea que compete no solo al Estado -el nuevo socio- sino también a los dirigentes de los clubes, con respaldo suficiente ahora para terminar con una conducción contaminada desde su raíz, cuyo exponente obsceno es Julio Grondona. Lo dijo Norberto Verea: "el verdadero Fútbol para Todos es, también, terminar con Grondona, su prensa obsecuente, las barras bravas que supo engendrar".

Contrariamente a lo esperado, la AFA -con aparente anuencia o explícita recomendación del Gobierno Nacional- promueve un proyecto disparatado al proponer un torneo de 38 equipos, del cual no se tienen precisiones, salvo algunos breves apuntes que conviene consignar. Por un lado, la reestructuración se liga invariablemente con el inédito descenso de River y la actualidad desvariada del resto de los grandes, lo cual configura un castigo, un enorme castigo, para aquellas entidades sanas, bien administradas, que dan el ejemplo con su trabajo con juveniles, sus cuentas saneadas y la apuesta a un modelo social donde primero están los socios y los hinchas. Es decir, se castiga a quienes hicieron méritos de sobra para situarse en lo más alto del fútbol argentino en base a políticas de desarrollo concretas que, paradójicamente, sintonizan con varias medidas, enfoques, líneas discursivas del Gobierno Nacional. Una de ellas es la renovación de sus dirigentes, materia en la que Vélez y Lanús desde hace rato ofrecen el mejor ejemplo. La renovación dirigencial, debería saberlo al gobierno, abarca a la política en su conjunto, es decir a sindicatos, entidades sociales, asociaciones sin fines de lucro. De ahí que avalar la perpetuidad de Grondona sin sugerir, desde su condición de socio de la AFA, remover estructuras, exigir auditorías periódicas sobre el destino de fondos que le otorga el estado a los clubes, desmontar una red de negocios, y seguir la batalla cultural para que democratizar el fútbol no sea un enunciado hueco y vacío de contenido, constituye una flagrante contradicción, además de un daño que se autoinflige el propio Gobierno.

Por otro lado, la restructuración del torneo, tan reclamado por los hinchas, pierde legitimidad porque -como se dijo- coincide con el peor momento de los clubes grandes (especialmente River) en una etapa que anunciaba lo opuesto: la transparencia, la apertura a que todos pueden progresar y tener oportunidades sin que los fagocite el negocio (de hecho, los 4 campeones de FPT no fueron los llamados grandes) y su función primera: ofrecer un servicio cada vez mejor, abierto a la gente sin discriminación de ningún tipo, enrolado en la Nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual mediante el programa Deporte para Todos.

En ese marco, de consumarse este esperpento, no será sola la AFA quien pague el costo del repudio popular. También el Gobierno Nacional habrá dejado solos a los hinchas de fútbol que apoyaron una de sus grandes iniciativas. La que se debe profundizar en sus aspectos más democráticos, muchos de ellos seguramente bien recibidos por la mayoría de los aficionados. De lo contrario, habremos retrocedido. Y en el retroceso los que pagan y quien más sufren son los hinchas. Los rehenes de la pasión.

P.P.

lunes, julio 18, 2011

COPA AMÉRICA // Fútbol Siglo XXI



No es novedad que el fútbol y política tienen una historia larga de encuentros, intereses que confuyen, personajes comunes, miserias y grandezas olvidadas o grabadas a fuego en el a veces insondable acervo cultural de cada país. La lista es extensísima y abarca, entre sus episodios más conocidos, desde el Mundial de Italia en 1934 (pleno apogeo del fascismo) hasta el Mundialito de 1980 durante la última dictadura militar en Uruguay, que motivara un necesario, completo y recomendable documental sobre ese hecho con idéntico nombre,  recientemente estrenado en Argentina.

Sin embargo en nuestro país persiste un tipo de periodismo que pretende separar un campo de otro, como si no existieran ni hubiesen existido flúidos vínculos entre las dos esferas, en un gesto visiblemente intencionado con efectos nefastos: inaugurar un relato inmanente, descontextualizado de avatares sociales y políticos, acerca del fútbol y los mundos fantasmales que lo rodean, y minimizar influencias que explican la importancia del deporte de masas para manipulaciones internas y externas, no siempre con consecuencias deseadas para quienes las promueven, como muestra el citado Mundialito. Pero además de los casos imbuidos de sospechas y oscuros secretos, de aquellos que utilizan al fútbol como plataforma de reconocimiento para propósitos no declarados, ese vínculo se inscribe en otro rango e incluye experiencias tendientes al desarrollo del fútbol a través de los clubes sociales, a verdaderas políticas de estado inclusivas, a mejorar las participaciones de un país en la alta competencia y a estimular los valores genuinos de este deporte desde sus raíces culturales más hondas.

Un buen ejemplo de esto último lo constituye Venezuela en la actual Copa América, de progresos notables en el aspecto técnico de sus jugadores, en la ejecución de tácticas y esquemas de juego y, más que cualquier otra cosa, en los números. Alcanza con repasar antecedentes pasados y recientes para advertir el marcado crecimiento del país caribeño. Repasando: nunca había llegado a las semifinales de este torneo; sus resultados hasta aquí no registran derrotas ante rivales de jerarquía (Chile, Paraguay, Brasil); jugará 6 partidos a diferencia de los millonarios planteles de Argentina y Brasil que disputaron 4; es el de más goles a favor junto con Brasil -que quedó eliminado- con 6 anotaciones. Si estos datos sorprenden, cobran mayor dimensión de solo recordar las prestaciones de la Selección Vinotinto en las décadas pasadas, con abundancia de derrotas -casi siempre previsibles- y numerosas goleadas en su contra. La más holgada: 11-0 con Argentina, en la Copa América 1975 que ganó Perú, curiosamente de gran rendimiento en el actual certamen.



Lejos de la casualidad, el desempeño de la Selección Vinotinto se funde, indudablemente, con aspectos del proceso politico venezolano, particularmente debido al interés de Hugo Chávez por difundir y estimular la práctica del fútbol en el país, mediante hechos que revelan la fuerte presencia del Estado por popularizar una disciplina que en Venezuela aún hoy está detras del béisbol y el básquetbol en las preferencias del público aunque no en su práctica organizada, dado que el fútbol viene ganando terreno desde el comienzo del siglo XXI sobre el resto de los deportes. Prueba de ello fue la realización de la Copa América, en 2007, un torneo que nunca se había disputado en Venezuela, cuya organización deslumbró a la región por sus estadios remodelados, el entusiasmo popular, la presencia de las grandes estrellas  y el rendimiento de la Vinotinto, que ganó su grupo (estaban Perú, Bolivia y Uruguay) y clasificó, de este modo, por primera vez a los cuartos de final de la Copa América. De cualquier manera, el cambio comenzó antes de 2007: el argentino José Pastoriza aportó algunos conceptos novedosos, pero fundamentalmente fue Richard Páez fue el que introdujo modificaciones sustanciales respaldado por meritorios resultados, ahora superados por César Farías en esta Copa América, un entrenador con idéntica mentalidad ganadora que supo darle continuidad al trabajo de Páez al focalizar en el aspecto físico, táctico y técnico para reducir la brecha con otros países.



El análisis, en consecuencia, no puede omitir o no debería estar ausente en nombre del odio, que en Venezuela existe una política deportiva diseñada mediante proyectos a largo plazo, vigorosos, llenos de futuro, con logros que forman parte de un país cuyos progresos se observan en otrás áreas de la vida social, lo que reafirma que los caminos de la política y el fútbol no siempre se encuentran en un paisaje sombrío, sepultado de basura. "Los escuálidos (opositores) tienen mala suerte hasta en el fútbol, estoy seguro que la mayoría de los escuálidos va o a Estados Unidos o a los países europeos", dijo Chávez en Sudáfrica 2010. 

Con su estilo, Chávez acaso politice el fútbol porque ambos campos comparten tradiciones, luchas, cuestiones a transformar, sosiegos, esperanzas, sin que ninguna demagogia pueda torcer un mensaje contundente: el fútbol es disfrute antes que negocio, es vida en miles de chicos con acceso a su práctica, es -por qué no- una partecita de la patria. Y testimonia, además, que existe una matriz cultural a defender. Venezuela no podía quedar afuera de un continente futbolero por excelencia, con una identidad cimentada hace años que a la Vinotinto no le es ajena pese a su cadena de derrotas , en un tiempo histórico donde -casualmente o no- predominan en el plano político gobiernos populares que vienen compensando viejas inequidades.

. Quizás se trata de una analogía forzada. Y en parte lo es. Pero, da la sensación, el crecimiento futbolístico venezolano no puede explicarse sin consignar, al menos en uno de sus aspectos, una coyuntura que tiene a la política -para bien de los pueblos y de su gente- en el centro de la escena.


P.P.

martes, julio 12, 2011

COPA AMÉRICA // Argentina, un retroceso que excede al resultado



El desempeño de la Selección de Batista, finalizada la primera etapa de la Copa América, reavivó distintos estados de ánímo según los implacables veridictos del público que acompaña al equipo argentino cuando juega de local: entusiasmo y decepción con Bolivia, incertidumbre y furia con Colombia, morbo y  alivio con Costa Rica. El balance es deficitario, al cabo, si se considera que, a priori, el grupo de Argentina no revestía mayores dificultades por la jerarquía del plantel nacional, pero también debido a las limitaciones de sus oponentes, algunos de ellos en proceso de transición o debilitados al no disponer de sus titulares por razones de calendario. Ubicarse segunda en un grupo accesible no deja de ser preocupante para la Selección, tanto en los resultados (2 empates, 1 triunfo) como en el rendimiento, aspecto central de las polémicas recientes en torno de los saberes del actual entrenador, y del compromiso y las aptitudes de sus figuras, siempre presentes en la crónica diaria debido a sus rendimientos en los clubes de Europa, ese mundo ajeno y admirado por muchos compatriotas.

Y más preocupante deviene este presente del Seleccionado ni bien se advierte el caudal dilapidado en apenas 3 partidos, teniendo en cuenta un escenario favorable expresado en la condición de anfitrión del equipo nacional, en el apoyo masivo del público en los remozados estadios de varias ciudades del país y en los guiños periodísticos de un sector que condenó severamante al técnico antecesor más por su gestualidad que por su ideario futbolístico. Es decir: lo que se presumía fácil para Argentina, ganar con buen juego frente a tres rivales inferiores en el marco de cierto consenso popular, derivó en una andanada de cuestionamientos que incluyeron hasta al mismo Lionel Messi, nunca tan observado como en esta oportunidad y caldo de cultivo para análisis diversos que fueron desde lo estrictamente deportivo hasta cuestiones propias de la sociología o la psicología, lo cual no necesariamente está mal a raíz de sus desconcertantes prestaciones y curiosos gestos en la cancha. Sin embargo, y como suele pasar en un país exitista con ciertos voceros poderosos que nutren a una prensa condescendiente y de análisis estrechos, Messi fue blanco de insultos desproporcionados y críticas exageradas, en un doble juego periodístico que responsabilizaba al entrenador o al jugador del Barcelona, de acuerdo con la cuota de obsecuencia o rechazo hacia Messi, sin consignar otros factores, por ejemplo, analizar a Messi más allá de resultados circunstanciales, o  promover una reflexión colectiva sobre el rendimiento del rosarino con Maradona como entrenador. ¿En serio Diego no lo supo aprovechar? ¿No había que darle continuidad a Messi con el mismo técnico, quien estuvo en el cargo apenas 1 año y medio?.

Lo antedicho es parte del problema y trasciende a este torneo: Argentina retrocedió en el momento que comenzaba a definir una identidad fútbolística y entusiasmar a sus hinchas de la mano de su símbolo por excelencia, quien comenzaba a entender y aprender los secretos del oficio de técnico. Pese a 20 mil personas que agradecieron haberse emocionado en el mundial de Sudáfrica (Argentina finalizó 5ª, la mejor ubicación desde Italia 90), la AFA una vez más priorizó el camino contrario al mandato popular, eligiendo a un hombre sin pergaminos suficientes ni antecedentes ni carisma para un cargo que le queda enorme. Aun así, Batista dispone de apoyos dirigenciales y empresariales para ganar la Copa América y, de este modo, perpetuarse un tiempito más. Sea éxito o fracaso, la conclusión parece ser la misma: con esta conducción la Selección Argentina está en manos de Dios. Del Otro Dios.

martes, julio 05, 2011

COPA AMÉRICA // Un posible nuevo escenario



Finalizada la primera fecha de la Copa América, el balance parcial arroja partidos discretos, abundancia de empates (cuatro sobre 6 encuentros), escasos goles (ocho en seis partidos) y marcado desinterés en el área metropolitana de nuestro país. Se supone que, conforme avance el torneo, irá mejorando el nivel de juego y creciendo la expectativa del público en un certamen que -da la sensación- sigue sin dar un salto cualitativo en materia organizativa y de prioridades en el calendario futbolístico, en relación con otras competencias: la Copa África o la Eurocopa, por ejemplo, incluso la Copa de Oro -Concacaf- motivó que varios equipos no trajeran lo mejor.Excepciones existen, desde luego, basta recordar la última Copa América de Venezuela, en 2007, con estadios imponentes y selecciones que le dieron brillo a aquella edición ganada por Brasil tras superar con contundencia a Argentina. Pero la tendencia persiste: la Copa América, hoy, parece más un banco de pruebas que un campeonato que reporta prestigio en sí mismo, lo cual suscitaría indagar acerca de las causas. Una de ellas, por qué no, podría tener que ver con las valoraciones propias y la creencia, muy arraigada sobre todo en Argentina, de que ganar el mundial es la meta, razón por la cual habría un constante volver a empezar con miras a un futuro siempre lejano.

De cualquiera manera, cada certamen donde se miden naciones con historia en este deporte permite sacar conclusiones sobre el nivel actual del fútbol sudamericano y sus perspectivas de cara a lo que para todos será el principal foco atención y único destino posible para evaluar un ciclo de 4 años, estar en la Copa del Mundo 2014, certamen en el cual la región intentará empardar en títulos la ventaja que sacó Europa en Sudáfrica 2010 (10 títulos contra 9). Entre esas conclusiones, muy provisorias teniendo en cuenta que no transcurrió ni un 20 por ciento del torneo, cabe señalar que sorprende la paridad imperante, tras las presentaciones de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, los cuatro candidatos a priori, quienes no pudieron ganarles a rivales que no estuvieron en Sudáfrica 2010. Una mejor impresión dejó Chile, otro de aceptable desempeño en la última Copa del Mundo, si bien enfrentó a un seleccionado en proceso de renovación, disminuido de acuerdo con los nombres que trajo. Esta situación pareja, acaso tiene cierto asidero en el hecho de que países como Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela vislumbran en el torneo una posibilidad para recuperar posiciones, además de que seguramente comenzaron antes su proceso al no haber participado del mundial.




Pero también cabe ensayar una hipótesis, más de política deportiva si se quiere, pensando en los casos de Venezuela y Bolivia, dos países donde el fútbol no es indiferente para sus gobiernos actuales, fundamentalemente en lo que refiere al rol del Estado y su incidencia para apuntalar este deporte. Lo de Perú, si bien obedecería a otras causas, también se inscribe entre las naciones que pretenden disputarle un lugar a los grandes, en base a un proyecto integral que logró llegarle al público, muy identificado hoy con su selección. Ecuador viene mostrando otra cara desde hace años: clasificó a los mundiales 2002 y 2006, quedó cerca en 2010 y tiene a un representante poderoso a nivel clubes como no ocurríó nunca en su historia ¿Razones? La apuesta a defender un estilo, algo que Argentina -por caso- genera debates, internas, y dislates como los de su actual entrenador, que busca copiar modelos antes que definir uno propio.

Las novedades prematuras, entonces, las entregaron Bolivia, Venezuela y Perú, en el marco de un certamen donde da la sensación de que se no producirán grandes goleadas ni habra mayores diferencias entre unos y otros, una variable constante en épocas pasadas. Probablemente llegarán a las instancias decisivas los favoritos, como suele ocurrir, pero se advierte que podría haber sorpresas, inaugurando un posible nuevo escenario en el continente. De producirse volverán los análisis conocidos en frases del tipo "se niveló todo para abajo", "la mediocridad, denominador común", entre otros. El nivel de los partidos hasta aquí les permite esbozar esas conjeturas. Sin embargo, y como se dijo respecto del fútbol local, la paridad es parte sustancial de este juego, porque los que ganan siempre, la previsibilidad de los desarrollos de los encuentros, a la larga conspiran contra la incertidumbre y los atractivos de ver una película cuyo final se desconoce. Más aún: esa presunta mediocridad expresada en equipos que nivelan los partidos con las selecciones poderosas del continente, tal  vez es una condición ineludible para acortar la brecha y observar, con el tiempo, una competencia de jerarquía producto de los progresos no solo de los países que hoy están un escalón por debajo de los más fuertes sino también de éstos mismos, conscientes de que deberán mejorar para superar a adversarios consistentes y con proyectos serios que los soportan.

Son notas provisorias, como se dijo, de un torneo que algunos minimizan (Argentina porque apunta al mundial, Brasil por su prioridad de obtener la medalla olimpica que le falta en sus nutridas vitrinas) y otros lo toman con responsabilidad dado que les abre, nada menos, que una valiosa oportunidad para recuperar protagonismo e intentar imponer y mostrar su fútbol basado en ideas y estilos, igual o más respetables que los demás según las cotizaciones de sus planteles y el patriotismo que exudan.

P.P.