jueves, febrero 04, 2010

ANIVERSARIO // Verde paisaje de Belgrano


El año del Bicentenario de la Patria esconde otras celebraciones, felices o no tanto, afincadas en distintos oficios y actividades sociales, de proyección nacional o acotadas a un territorio pequeño, pero imposibles de soslayar. En el fútbol argentino, en este 2010, primero fue Vélez quien conmemoró su centenario de logros, desarraigos y promisorios horizontes, y ahora es Excursionistas, un club tradicional del ascenso, el que sopla 100 velitas de orgullos, sinsabores y alguna victoria circunstancial.Por eso y porque el fútbol no empieza y termina en Primera División, viene bien un escueto recuento de momentos, registros y curiosidades de equipos como Excursionistas.
Entre los datos a consignar cabe apuntar que el verde genera adhesiones fuertes entre seguidores ignotos y famosos (Javier Saviola, René Houseman, Ignacio Copani, Emir Kusturica, Victor Bo) y exhibe un estadio pintoresco ubicado en Pampa y Miñones, el primero y único que consta en su ficha, escenario que motivó el mote de villeros por el derruido paisaje del viejo barrio de Belgrano. Un mote que, más allá de la dictadura militar y sus topadoras, persiste hasta hoy, ya sea como gesto de afirmación emblemática de los propios hinchas (la inversión del gesto) o como estigmatización de sus rivales, que son muchos, si bien no conforman un frente único.

Pero también, Excursionistas habita otra casa, una casa chica, acompañado de otros estigmas: la Primera C, una divisional descorazonante para un club popular, que supo jugar en primera en la etapa amateur, que recoge simpatías como las mencionadas, que tiene entonados y tradicionales rivales como Almagro, Colegiales y, especialmente, Defensores de Belgrano (hay paternidad del Verde en el historial, lo mismo ocurre, por caso, con Almirante Brown). No obstante, permanecer largas temporadas en la cuarta división del fútbol argentino no ha mitigado fervores, militancias y peregrinaciones de los hinchas villeros por terrenos desapacibles que, eso sí, conservan los rasgos del potrero profundo. La estadística de las dos últimas décadas arroja un número elocuente, en consonancia con un pasado en el cual abundan crisis futbolísticas: desde hace 15 años Excursionistas juega en la C y enfrenta con asiduidad a rivales habituados a la divisional, por ejemplo Justo José de Urquiza o General Lamadrid y otros aún más inferiores, que provienen de la D y lograron afianzarse (Fénix, Barracas Bolívar, entre otros). Sin embargo, los hinchas perseveran.

Claro que un club no son solo resultados sino también equipos que, a lo largo de una trayectoria, dejaron una marca, como aquella formación ideada por Néstor Rapa en 2001 que finalmente no subió debido a la injusta organización, el del ascenso a la b en 1994 que cerró un ciclo de 22 años en la C aunque por poco tiempo (descendió al año siguiente) o, más actuales, la versión 2009-2010 que dirige Sergio Rondina llamado a devolver al club al lugar que sobradamente merece. La lista de grandes conjuntos no hace justicia con otros equipos notables, simplemente intenta puntualizar -arbitrariamente- determinados momentos de esplendor.
Y un club, además, son sus jugadores referentes que, en distintas etapas y circunstancias, aportaron al crecimiento y el prestigio de la institución, por citar algunos destacables: el Beto
Horvath, el Loco Seria, Ricardo Mazariche, Oscar Fonseca Gómez y el vigente polaco De la Marchesina.

En definitiva, Excursionistas conmemora 100 años de una historia donde escasea la gloria y sobran infortunios y desdichas. Pero hay un raro y saludable gesto que debe subrayarse. La gran mayoría de nosotros, alguna vez y aunque más no sea mediante relatos de terceros, hemos conocido a un hincha de Excursio. Ninguno -al menos los que conversaron con quien escribe-, y pese a las continuas decepciones, parece resignado a soñar epopeyas, triunfos en la Bombonera, duelos con el Barcelona o el Real Madrid en el pequeño templo de Pampa y Miñones (el Coliseo del Bajo como también lo bautizaron) o -simplemente- abandonar la categoría que lo retiene desde el 95. Es, como dijimos, una manera de perseverar.

Más todavía: hace poco, un hincha que fue ayudante de Rapa, dirigente de la institución y cronista de la agencia Télam, decidió finalmente emigrar del Bajo y fundar un club en una pequeña localidad de la provincia de Córdoba, Santa Rosa de Calamuchita. "Vamos de a poco, pero la idea es competir, armar algo, hacer historia. Construir desde abajo un lugar en el mundo". El gran objetivo del flamante club; participar del Torneo Argentino en 2015. El nombre: Asociación Civil Excursionistas de Santa Rosa del Río.

martes, febrero 02, 2010

MEDIOS // Maradona y el orgullo plebeyo


Pasados los fuegos de la célebre conferencia de prensa de Diego Maradona post-partido ante Uruguay, nos hemos empecinado, desde este marginal blog deportivo, en seguir de cerca los discursos de diversos actores del campo cultural, literario y periodístico, referido a un episodio cuyos impactos perduran, ya sea por condensación o por desplazamiento, hacia cuestiones que exceden lo deportivo, que hablan del pulso de una sociedad, de sus síntomas y de sus miedos, de sus prejuicios y su intolerancia reprimida que, cuando aflora, exhibe su rostro verdadero, representada ficcionalmente por Capusotto en el personaje Micky Vainilla, levemente exagerado, pero anclado en contornos reales. En caso contrario: el personaje no hubiera trascendido ni motivado discusiones postreras.

Retomando los efectos y derivaciones de aquella noche en Montevideo, si uno recorta un corpus de artículos y textos publicados en medios gráficos en los últimos meses, advierte un mosaico heterogéneo de lecturas, a favor y en contra, que en todos los casos parecerían revelar una certeza entre las incertidumbres de un tiempo saturado de informaciones contaminadas: la presunta "incontinencia verbal" de Maradona, sus "groserías", evidenciaron una dimensión del conflicto enraizado en la sociedad y del cual Maradona, víctima de sus contradicciones y presumiblemente sin proponerselo, repuso en clave política.

Ese dato recorre, aun hoy, las agendas de todos los medios y los debates callejeros, especialmente porque el protagonista no es cualquier emisor: es Maradona y el paisaje enmohecido de Fiorito, el ídolo popular monstruoso de la Argentina con sus excesos dentro y fuera de la cancha, el producto que los grandes medios promocionaron desde las agobiantes invocaciones de la patria hasta los últimos vestigios de la argentinidad trágica que, se dice, corporiza su figura. Imposible, por tanto, no advertir una fisura detrás del personaje, o al menos no advertir que hay un plebeyismo soterrado que exige ser más cuidadadosos para la imputación denigratoria y la sumatoria de gestos concatenados en "lo grosero/grotesco/desbocado".


Desconocer o, peor todavía, negar el plebeyismo de Maradona, como sugiere el sociólogo Pablo Alabarces en uno de los artículos escogidos, conlleva riesgos y olvida lo fundamental: el registro histórico desde el cual habla el diez y su eficacia, su potencialidad, para crear climas plausibles de disputar sentidos, sobre todo sentidos hegemónicos. Dice Alabarces: "Maradona ha dejado de ser el "negrito respondón y deslenguado" de los 90 para ser un simple bocón que la juega de plebeyo irreverente. Pero de transgresor no le queda nada: por eso elige para su desboque las mismas y repetidas metáforas homófobicas y machistas de los chistes de Yayo (Guridi, integrante de Showmatch). Durante veinte años Maradona significó, con sus idas y vueltas, la continuidad de la irrupción plabeya e irreverente del primer peronismo. En los siguientes diez, Maradona reprodujo la domesticación de ese mismo peronismo. Si lo que queremos es cuestionar la hipocresía moral de la derecha argentina, no lo conseguiremos reivindicando el sexismo desaforado del gran bocón argentino".


La reflexión de Alabarces prioriza la superficilidad del gesto retórico en la conferencia en Montevideo, centrándose en lo que, precisamente, es uno de los rasgos constitutivos del plebeyismo de Maradona. Cuando Diego confronta con los poderes reales no puede, no podría, eludir las marcas de origen, ni tampoco los lenguajes televisivos del medio que lo proyectó, lo consolidó y luego lo descalificó cuando confrontó con sus intereses. Es decir, Maradona no puede escapar de una determinación (de clase, de credo, de lenguaje) que, al mismo tiempo, robustece su condición de personaje irreverente, maldito y que expresa un malestar.
Y que posibilita, sobre todo y sin que Maradona lo sepa conscientemente, disputar sentidos con alguna chance de éxito. "Maradona ha sabido o al menos ha querido tener siempre la última palabra: él define, cristaliza, rubrica, como se decía antes. El cierre le pertenece. Usa las palabras en definiciones, comparaciones y réplicas a la manera de toques, latigazos o cambios de frente como si hablara -creativa y saludablemente- con los pies", explica el escritor y periodista Juan Sasturain en La Patria transpirada (2006).

Maradona no interrumpe la saga que anuncia Sasturain. No son lo mismo "las guarradas sexistas" de Yayo y de Tinelli que las apelaciones homófobicas -también sexistas- de Maradona. Simplemente porque quien habla, su lugar enunciativo, pertenece al Maradona que creció entre lo crudos paisajes de la pobreza y los estudios de televisión, y porque el/los destinatarios "del sexismo desaforado" de Diego son otros: el poder real y no los hombres y mujeres de su misma condición.

domingo, enero 31, 2010

MEDIOS // Cabezones


Oscar Ruggeri, tras un acertado silencio en medios audiovisuales, reapareció en el canal del filántropo colombiano como columnista fijo para discurrir sobre la selección nacional. Entre otros conceptos, el técnico que perdió 7 a 1 con Boca dirigiendo a San Lorenzo, señaló en su primera intervención que "hay que dejar a Maradona elegir a sus ayudantes", cargó contra Carlos Bilardo -apoyado por las agudísimas intervenciones de Carlos Chino Tapia- y los desvaríos de su trabajo como manager ("gana 60 mil dólares por mes"), y, habilitado por sus compañeros panelistas, trazó un diagnóstico de los últimos 20 años del equipo nacional. Sabiduría pura.
La producción del programa, consciente del rating adverso, intentó reponer un debate agotado y circunscripto al polémico y residual mundo periodístico de ciertas cadenas: "por qué no está Ruggeri en la selección". Pobreza absoluta de ideas en una fecha que arrojó diversidad de temas y discusiones. Más interesante, por tanto, fue observar al Ruggeri que desnudó -una vez más- a Juan Carlos Passman y sus torpes creencias de periodista serio e informado, capaz de desestabilizar a Maradona, a Alves, a Astrada o a Pepe Romero (entrenador de All Boys) con el talento y la experiencia de un Niembro o un Araujo. Sin levantar la voz, firme en cada intervención, el Cabezón confinó a Passman al lugar del equívoco sin condicionamientos ni pruritos. Ese debate entre un "ustedes" -los periodistas- y "nosotros" -los jugadores, técnicos- en el que Ruggeri se mueve como quiere y donde todo es ganancia para el gremio que representa.

En suma, el Ruggeri destemplado y enemigo de determinada prensa fue lo mejor de un envío que, si abandonara el amarrillismo ramplón que abrazó su conductor, hubiese promovido ya no el interrogante de "por qué no está Ruggeri", sino el de por qué debería estar en la selección. Cosas de América. Por lo demás, y al margen del Cabezón, vale decir que no hubo grandes novedades en materia de medios ligados al deporte. O sí, desde lunes se emite el ciclo superclásicos, por Fox, a cargo de Leto y Lito. En la mañana, y por la misma señal, hubo otro debut aunque deslucido y sin recursos -periodísticos, humorísticos, técnicos- para competir con el sólido Despertate de TyC Sports que conduce Gonzalo Bonadeo.

viernes, enero 29, 2010

BOCA // Esa patria chueca

Formación de un Boca de 1975. Alves, con pelo menos lacio que Antonio Apud, en los 90

Arranca el ciclo de Abel Alves, el Chueco, como conductor de Boca Juniors y abruman los interrogantes, los juicios severos anticipados, los pergaminos desparramados en la mesa y las mil y una conjeturas acerca del eventual desempeño de uno de los grandes actores de la época: los técnicos. El mundo Boca, esa categoría oprobiosa que designa un territorio delimitado y al mismo inasible para los hinchas, genera reacciones múltiples entre propios y antagonistas, ya que hablar de Boca es hurgar en un pedacito de la patria si se consideran los números de encuestas respetables y respetadas: más del 40 por ciento del país dice simpatizar por el xeneize.

Hecha la presentación del entorno y sus circunstancias, de las expectativas interesadas y las adhesiones masivas, parece pertinente remitirse a los antecedentes de un entrenador que llega a al cargo mayor de un club victorioso en la última década aunque agobiado desde hace un año y medio por internas dentro y fuera de la cancha que lesionaron seriamente el orgullo y el prestigio de dos ilustres como Carlos Bianchi y Alfio Basile. Surgido en la cantera de Boca, Alves jugó en el club entre 1975 y 1982 y ya en su debut con All Boys exhibió cualidades de buen futbolista, fiel al adn boquense, y formado en la filosofía de Juan Carlos Lorenzo. Su historia como jugador es una buena carta de presentación para los hinchas, dado que el Chueco integró desde un rol secundario, eso sí, equipos recordados por los aficionados (los campeones de los metropolitanos 1976 y 1981, este último con Maradona) y, sobre todo, honró la divisa con destreza, coraje y profesionalismo, si bien no sobresalió en alto nivel tal como sugerían sus primeras presentaciones.

Más o menos trascendente, depende del lente de cada observador, fue su rol como técnico de juveniles. Durante 4 años dirigió a una reserva exitosa y protagonista, asentada en un esquema de juego definido pese al permanente cambio de nombres (moneda corriente en los torneos preliminares), y con un agregado que robustece su pequeña obra: el Chueco consolidó en partidos semi-oficiales a la mejor camada de púberes boquenses de los últimos 20 años. Claro que Alves también dirigió en Primera aunque de forma interina y por pocos partidos, en dos oportunidades. Lo más recordado fue una clara victoria xeneize ante Colón (3 a 1), de visitante, por la última fecha del Clausura 2009.

Con esa bagaje en el ágora, ese pasado teñido de azul y oro, Alves asume por seis meses la dirección técnica, consciente de los resultados que definen -para bien o mal- el destino futbolístico de jugadores, técnicos y dirigentes. Con poco para perder y muchísimo para ganar, el nuevo entrenador cuenta con recursos -conceptuales, procedimentales- para encauzar el presente de un club que domina agendas periodísticas, encuestas y buena parte del ánimo popular. Que de eso trata Boca y sus mundos, un pedacito de la patria chueca, cuya narración última siempre comienza hoy.

lunes, enero 25, 2010

SELECCIÓN NACIONAL // La lista de 23


Resta poco, muy poco, para que comience el 19º mundial de fútbol, ese acontecimiento singular que moviliza pasiones y montones de dinero, en el cual compiten países ricos y pobres, selecciones del primer y el undécimo mundo, naciones con y sin historia futbolera. No es tema de este artículo profundizar en los componentes sociológicos que suscita una copa del mundo y menos aún desnudar las fases de un negocio con varias capas (32 selecciones en una competencia que admite no más de 16 países para medir fuerzas, 26 millones de dólares a las arcas de la FIFA en concepto de derechos de transmisión, 420 millones para repartir entre los participantes, cuatro veces más que en Alemania 2006). Pero sí es pertinente centrarse en aspectos deportivos aunque se trate de una formalidad, de una línea de fuga para interrogarse sobre factores contigentes, inciertos, lejos de verdades a priori, cerca de la sana actitud de conjeturar, de intercambiar opiniones y pareceres con los lectores de éste y otros blogs, de animarse a debatir las chances de un seleccionado aborrecido por cierta prensa influyente y sumido en incontables dificultades.


Autorizándonos a nosotros mismos, como decía Lacan, conviene repasar algunos datos que refuerzan lo trascendente del mundial que se avecina. Veámos. Se juega por primera vez en Sudáfrica y por segunda oportunidad en un continente que no son Europa y América, estarán todos los campeones mundiales, podría haber un desempate en el historial general (de las 18 ediciones disputadas, 9 veces ganaron los equipos de países europeos y 9 los de América del Sur) y, acaso lo más importante, retorna Diego Maradona a una copa del mundo tras 16 años aunque, claro, en condición de técnico.


Precisamente, y yendo al tema que nos convoca, apremian el tiempo y las tareas en el seleccionado que dirige Maradona. La primera y más importante es definir una base, un plantel estable, un grupo cuyos jugadores no van a cambiar drásticamente su rendimiento de aquí a junio. No parece mala idea la de disputar ensayos más asiduos con jugadores locales pero, creemos, se trata de un proyecto largoplacista para otro momento deportivo, para otra dirigencia y, quizás, para otro país. Habría, por tanto, que priorizar el trabajo con el grupo elegido para arribar confiados a Sudáfrica, algo que Maradona/Bilardo/ayudantes habrán tomado nota. Caso contrario, desde aquí ofrecemos un aporte, 23 posibles para una copa imposible, siempre desde un revisionismo constructivo y un deseo que no se negocia: periodistas atrincherados y jubilosas multitudes volcadas a la calle un 11 de julio. Chupando broncas, vinos y alegrías, como corresponde, como debería ser.


La lista es la siguiente


ARQUEROS


Sergio Romero
Juan Pablo Carrizo
Gastón Monzón

DEFENSORES

Javier Zanetti
Nicolás Otamendi
Gabriel Heinze
Martín Demichelis
Walter Samuel
Maximiliano Velázquez
Gabriel Milito
Leandro Desábato

VOLANTES
Juan Sebastián Verón
Javier Mascherano
Mario Bolatti
Lucho González
Andrés D'Alessandro
Juan Román Riquelme
Esteban Cambiasso

DELANTEROS

Lionel Messi
Javier Saviola
Gonzalo Higuaín
Nicolás Gaitán
Lisandro López


Un equipo titular: Carrizo, Zanetti, Otamendi, Samuel y Heinze; Verón, Mascherano, Cambiasso; Riquelme; Saviola e Higuaín.


Si, una entelequia. Pero de eso se trata: de imaginar, de jugar, de meterla adentro con convicción.

jueves, enero 14, 2010

RIVER // Sujetos a la incertidumbre


Antonio Caselli, en sus días de campaña proselitista, anunció con bombos y platillos acuerdos para contratar cuatro refuerzos rutilantes para el River 2010: el uruguayo Diego Lugano, el argentino Mariano Pavone, y los brasileros Julio Baptista y Adailton. Menos histriónico, Rodolfo D' Onofrio evitó decir quiénes serían los nuevas incorporaciones del plantel millonario aunque su eventual manager de fútbol, el intrépido Enzo Francescoli, sugirió que venía a River a "gestionar fútbol", a "reposicionar al club entre los grandes", con avales conocidos: la llegada de jugadores de calidad con la venia de grupos económicos y representantes curtidos en el oficio de explotar capitales ajenos.


Lo cierto es que tras el apretado triunfo de Daniel Passarella en el acto comicial se esfumaron los apellidos ilustres de Caselli y los nombres hipotéticos de D'Onofrio, y con ellos también parecería esfumarse una forma de hacer política en River, si bien trascendieron versiones relativas al apoyo económico de Caselli a la flamante gestión.


En ese escenario, novedoso y al mismo tiempo complejo, los hinchas de River deberán ser pacientes, adaptarse a un tiempo de austeridades y excesivas previsiones, aceptar que los millonarios, actualmente, residen en Bogotá (Colombia), y sobrellevar, quizás por un periódo más, la irritabilidad y el sosiego que genera un plantel devaluado, desabrido, afirmado en resortes últimos como la experiencia acumulada, la idolatría borrosa, esos últimos vestigios de una historia a refundar ya. Por eso conviene moderar las expectativas, y comprender que 8 años de práctica fallida, desvergonzada, no salen gratis. Como tampoco salen gratis los refuerzos prometidos por influyentes empresarios-dirigentes que, de haber ganado, hubiesen dinamitado algo más que una economía raquítica: nada menos que el sentido pertenencia, y los fervores legítimos que genera un club de fútbol.



Aun así, y pese a la sumatoria de factores adversos ( jugadores que eligen Banfield o Lanús, apremios con el promedio, actuaciones fallidas, vergüenzas continuas, escaso recambio) River elige, en aparencia, transitar por un camino distinto en comparación con la última década. Con incertidumbres, desde ya, pero son las incertidumbres -precisamente- las que abrigan alguna esperanza.

domingo, enero 10, 2010

POLÍTICA // Carrascosa y el otro mundial


Los mundiales, una de las dos citas más importante del deporte, contienen historias grabadas a fuego en la memoria del público; goles inolvidables, fracasos rotundos, episodios polémicos, epopeyas para no olvidarse nunca, héroes y figuras circunstanciales. No obstante el juego, el maravilloso juego del fútbol, parecería salir indemne a cualquier daño, desde las denuncias de corrupción hasta las maniobras labradas desde poderes impúdicos.

La disputa de un mundial, en ese marco, opera como catalizador de pasiones, una suerte de grado cero donde parecería borrarse de cuajo cualquier intento por revisar otras zonas y otros contornos de la principal competencia futbolera, que no sean el recuento de goles, partidos y curiosidades ceñidas a los avatares del juego. Un escenario en el cual suelen omitirse sucesos de verdadera importancia, determinantes para el devenir político y cultural de algunos países, confinados al lugar de la anécdota, del dato de color, de aquello que conviene no reseñar nuevamente, según la opinión de quienes defienden el carácter incontaminado de la actividad.

Pese a ello, vale la pena volver -aunque sea brevemente- sobre ciertos acontecimientos y personajes que remiten a hechos poco revisitados entre tanto vértigo noticioso y actualidad en clave de compacto, necesarios si se trata de elaborar una biografía alternativa al glosario de ilustres. Por ejemplo encontramos, en una ya vieja colección del diario La Nación dedicada al fútbol argentino, un artícfulo firmado por Jorge Carrascosa, ex jugador de Huracan, Rosario Central y Banfield, y hombre reconocido en la historiografía no oficial por su renuncia a la Selección Nacional de 1978, quien protagonizó un hecho con fuerte impacto político para la época. Los argumentos de Carrascosa respecto de su alejamiento voluntario de la selección -que suscitaron diversas conjeturas dado que no habría una sola causa que propiciaron su retiro- abrieron no pocos interrogantes acerca de las verdaderas razones de su dimisión, si bien predominan versiones asociadas a los abusos de la dictadura militar, la presunta militancia del jugador en organizaciones políticas, el hastío por las presiones de un juego apartado de sus raíces.
En tal contexto, el artículo de Carrascosa explica muy poco, como era previsible, y se detiene en una sumatoria de actos que provocaron la dimisión del futbolista para integrar el equipo de Menotti. Ambigüedades, cabe agregar, que se ponen de manifiesto a lo largo de todo el dossier referido a 1978: la gloria del seleccionado en primer plano y, con menos enfásis, la citada nota de Carrascosa y un artículo perdido entre imágenes de goles, equipos y jugadores de la época, titulado "El partido del gobierno", escrito en consonancia con la ideología del medio fundado por Bartlomé Mitre. "Las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno militar durante la lucha contra la violencia subversiva habían trascendido al mundo entero", dice la nota, ilustrada con una foto de Videla, Massera y Agosti, no menos ambigüa. "Un solo corazón, Tres hombres que compartieron muchas sensaciones, aunque, probablemente, ninguna los galvanizó tanto como la racha de resultados favorables del campeonato mundial y, naturalmente, el triunfo final", explica la bajada de la foto.

Aun así, el texto de Carrascosa entrega un párrafo que enaltece al personaje y repone, además, otra evocación del infausto mundial del '78, en un doble sentido. Revela, por un lado, un comportamiento valiente que constrasta de modo nítido con el de algunos de sus colegas de aquel plantel, y pone de relieve, por otro, las convicciones de quienes se rebelan, y entienden que el fútbol solo es posible desde el placer y desde un fuerte compromiso con la ética. Muchísimo más cuando el gesto del protagonista -indudablemente disruptivo- se produce durante un evento de notable magnitud como es el mundial de fútbol, auténtica política de propaganda en determinadas coyunturas históricas.
Algo de esto se entrevé al leer a Carrascosa en la compilación de sucesos y personajes argentinos que elaboró La Nación hace algunos años, para situarlo entre las personalidades que desmontan con elusiones, lapsus y unas pocas señales, los intereses escondidos detrás de la pelota.

"En mi campaña tuve muchas vivencias que me sentir muy mal con el medio futbolístico. En mi escala de valores un Mundial no era -tampoco hoy- lo más trascendente. Puede que lo sea para la gran mayoría, pero creo que hay cosas más importantes como, por ejemplo, la persona humana. Primero está el hombre y después la profesión. Ante un objetivo mayoritariamente compartido, como un Mundial, pareciera que lo invidual queda marginado. No coincido con eso. Tengo que ser coherente, demostrarme y demostrar que se puede vivir con otros valores, estar en paz con la conciencia. En 1978 me permití la libertad de decir hasta aquí llegué. Hoy haría lo mismo".